Texto por Tania Álvarez | Ilustración por Liv Herrera

Avergonzar a las mujeres por usar maquillaje es algo que se observa a menudo en las redes sociales digitales pero también en la vida cotidiana. Las mujeres recibimos opiniones sobre nuestra apariencia constantemente, comentarios sobre nuestra ropa, peso, la apariencia de nuestro cabello,… no es extraño que también enfrentemos críticas a lo que llevamos puesto en la cara. Hay quienes opinan que deberíamos “arreglarnos un poco más y sacarnos provecho, pero una vez que nos maquillamos dicen que es demasiado o que nos veríamos mejor con un estilo “más natural”.

El patriarcado nos enseña que las mujeres somos las culpables de la violencia que ejercen los hombres contra nosotras; en el caso de la violencia sexual frecuentemente se ve como una consecuencia natural a la provocación de las víctimas, tal vez por usar ropa ajustada o escotes, llevar tatuajes, e inevitablemente por estar maquilladas. El maquillaje ha sido sexualizado de tal manera que algunas personas creen que una mujer se maquilló porque busca atraer hombres, que es “fácil” o “buscona”.

Cuando se piensa en maquillaje es común remitirse a la publicidad y la apariencia, lo contrario a la transparencia y la profundidad. Se suele acusar a las mujeres de ser superficiales cuando tienen un interés mayor por los cosméticos, incluso hay dichos referidos a que una mujer que se maquilla “mucho” no es confiable: “Llévala a nadar en la primera cita”. Para todo esto debemos considerar que, aunque no sea así para quienes consumimos contenido relacionado con la belleza, una gran parte de las personas ven mucho maquillaje en el uso de algo tan sencillo como una sombra colorida, iluminador e incluso un clásico como el labial rojo.

La misoginia no sólo está en esos comentarios explícitamente violentos, a continuación veremos cómo impregna algunas de las críticas más populares en contra del maquillaje.

MAQUILLAJE: UN CAMPO FEMINIZADO.

El uso del maquillaje desde hace décadas está adherido al estereotipo del género femenino y forma parte de una expectativa colectiva sobre lo que deben ser las mujeres. Los estereotipos de género se encuentran de manera concreta y tangible en todas las manifestaciones estéticas de la identidad, por ejemplo, en la ropa y productos cosméticos que utilizan las personas. El maquillaje está fuertemente ligado a lo que debe ser una mujer, y ciertamente son mujeres en su mayoría quienes se interesan por el tema, compran productos y los usan cotidianamente; al ser un ámbito feminizado se infravalora y desdeña.

Como pasatiempo, cuando produce emoción conocer acerca de las marcas, ingredientes, lanzamientos, etc., no se ve como una afición cualquiera, sino como una actividad para «tontas», una pérdida de tiempo, sobre todo si no está monetizado en forma de trabajo en caso de las makeup junkies que no son maquillistas ni influencers.

Las profesiones relacionadas con la belleza también son denostadas, es común en redes sociales digitales leer burlas hacia mujeres que se dedican hacer diseños en uñas, que son estilistas, coloristas o maquillistas; se les acusa de realizar actividades menos importantes, más fáciles e incluso de ganar más dinero del que deberían. En realidad estas burlas y degradaciones son una muestra de clasismo ya que son trabajos a los que pueden acceder las clases bajas y generar ingresos en poco tiempo. De cualquier modo, todos estos oficios implican recursos (tiempo, esfuerzo y dinero) invertidos en formación, así como la fuerza de trabajo de cada artista.

Sin importar la dedicación, técnica y que tenga un firme propósito comunicativo, el maquillaje difícilmente se observa como un arte fuera del propio campo. Quienes ocupan posiciones superiores por su trayectoria dentro de la comunidad son nombrados make up artists, sin embargo no tienen el mismo estatus de los artistas que se dedican a la música, pintura, escultura o literatura.

¿Y QUÉ PASA CON LOS HOMBRES QUE SE MAQUILLAN?

Un problema paralelo a la misoginia en la crítica al maquillaje es la homofobia que se plasma cuando se refiere a los hombres que se maquillan o se interesan por su apariencia más de lo aceptado. Cada vez son más los hombres que eligen utilizar maquillaje como parte de su indumentaria cotidiana; dentro del campo de la belleza se suele apreciar e incluso enaltecer el trabajo de los hombres maquillistas y los diseños de los que se maquillan a sí mismos. Sin embargo, no ocurre lo mismo fuera, ya que también son víctimas de burlas sin importar que sólo lleven gloss.

Alejándonos de pensar el maquillaje los convierte en mejores hombres, deconstruidos y con una masculinidad menos tóxica, sí implica que están incluyendo algo distinto en su estética que por más simple que parezca, puede resultar controversial o provocativo para una gran parte de la sociedad, tan sólo por el hecho de que el maquillaje en hombres no es aceptado en el código de vestimenta de escuelas, empresas, instituciones gubernamentales, etc.

Los comentarios acerca de que los hombres no deberían usarlo porque los hace ver mal tienden a la idea de que el maquillaje es algo femenino, hecho para mujeres, por lo que usarlo hace lucir a los hombres menos masculinos, más cercanos a las mujeres y por lo tanto inferiores.

ES VIOLENCIA.

La misoginia es un conjunto de creencias paralelas al patriarcado, que posicionan  a las mujeres como inferiores a los hombres. Se ha teorizado bastante de este tema, algunas autoras consideran que la misoginia parte del odio, otras creen que en realidad tiene raíz en el temor de los hombres a las mujeres. Las críticas comentadas anteriormente tienen una notable carga de misoginia porque no cuentan con bases fuera de los estereotipos de género, parten de una idea sobre cómo debe ser la apariencia de una mujer, convencionalmente “arreglada pero sin excederse”.

El maquillaje es una forma de expresión; como arte se vale de técnicas, materiales y el consenso de una comunidad, mientras que siendo un pasatiempo produce diversión y relajación. Si las críticas continúan mencionando una supuesta superficialidad, falta de autoestima o búsqueda de atención masculina cuando hay cuestiones como las dinámicas de consumismo, explotación o violencia en el mundo del maquillaje, entonces sólo son violencia.

Y cuando te maquillas a ti misma no estás siendo falsa, únicamente expones lo que tienes dentro de tal forma que aún usando diez productos sigue siendo tu belleza natural.

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Tania Álvarez, estudió sociología y actualmente estudia trabajo social, sabe sobre transparencia gubernamental y otros temas importantes pero prefiere escribir sobre maquillaje y demás trivialidades. Le gusta el punk, my little pony, y evidentemente, maquillarse.