Texto por Tania Álvarez | Ilustración por Liv Herrera

Hace un par de meses, Vogue México publicó un breve artículo-publicidad sobre Mar Cosmetics Co, marca de maquillaje de la influencer Mariana Rodríguez, en donde alabaron sus “imperdibles” productos y propuestas “100% mexicanas”. Más allá de las opiniones sobre la dueña de la marca, estos cosméticos han sido bastante criticados tanto por sus propias consumidoras como por la comunidad de la belleza en México, por la calidad y sobre todo por su procedencia, ya que se han reconocido sus empaques en productos de muy bajo costo que son vendidos al mayoreo en sitios como AliExpress.

El private label o marca blanca es un modelo de negocios en el que una empresa subcontrata a otra para realizar la producción de artículos que posteriormente comercializará bajo su propia marca; esta práctica es tan popular que actualmente es llevada a cabo tanto por empresas pequeñas como grandes, desde tiendas de instagram hasta Wal-mart. Muchos productos disponibles en Amazon son ofrecidos por tiendas cuyos dueños no llegan a conocer de manera física lo que venden, simplemente seleccionaron artículos de moda de catálogos de proveedores en China y lo importan directo a los almacenes de la plataforma de ventas.

En el caso del mercado del maquillaje que una marca recurra a esta práctica no pasa desapercibido tan fácilmente como en otras industrias; incluso puede ser un aspecto que disminuya la legitimidad y aceptación de la marca, como la conmoción de las consumidoras al conocer que los productos de Kylie Cosmetics son elaborados por ColourPop.

El desdén de la comunidad de la belleza por este tipo de producción está bien fundamentado.

ROBO Y BAJA CALIDAD DE LAS FÓRMULAS.

Existen varios inconvenientes en la contratación de laboratorios, como puede ser que la calidad final del producto no coincida con lo acordado; se dice que es lo que ocurrió con Jaclyn Cosmetics y sus labiales peludos. Sin embargo, las empresas pequeñas no se pueden dar el lujo de construir
sus propios laboratorios y al final se enfrentan con la mayor desventaja: el robo de sus fórmulas.

Muchas empresas tienen las intenciones de innovar (sobre todo las independientes y pequeñas) y trabajan en sus ideas en laboratorios no propios, luego éstos venden las fórmulas a otras marcas que terminan siendo competencia para las originales. La calidad no es relevante para las marcas que recurren al private labeling de formulaciones, pueden seleccionar mejores productos pero no se involucran completamente en la elección de ingredientes fuera de los que se pueden publicitar.

Que diferentes marcas compartan fórmulas es frecuente en la industria, el caso de Kylie Cosmetics y ColourPop puede ser el más conocido pero no es casualidad la cantidad de dupes que se encuentran entre marcas que pertenecen al mismo conglomerado, que sólo son vendidas en diferentes precios según la gama en la está establecida cada marca en el mercado. El conflicto comienza cuando las fórmulas se comparten sin permiso ni remuneración, como le ocurrió a Glam Vice después de pasar meses trabajando en sus Pastel Retro Liners; en febrero realizaron la primera publicación comentando que pronto estarían disponibles en su página por 8 dólares cada uno o en un paquete de ocho delineadores por 69 dólares, para el mes de abril otras marcas como Mamacita Cosmetics ofrecían seis delineadores por 20 dólares.

Poco después Glam Vice anunció que el laboratorio había vendido sus fórmulas a diferentes marcas de cosméticos y que no era la primera vez que esto ocurría.

EL DISEÑO ES IRRELEVANTE Y TIENE POCO VALOR.

Del mismo modo, estas marcas no diseñan los empaques de los cosméticos que mercantilizan; este aspecto es común en el mercado de cosméticos, constantemente se encuentran los mismos empaques en diferentes productos de maquillaje de distintas marcas, los envases son comprados a mayoristas y se les agrega un diseño elaborado especialmente para el producto. La diferencia en las empresas que encargan todos los procesos productivos a subcontrataciones es que éstas suelen utilizar incluso los mismos diseños de colores.

Esta fue una de las claves para descubrir que Mar Cosmetics compraba a proveedores de baja calidad, al igual que Sara Maldonado, marca famosa porque sus productos se han encontrado con otros nombres en Alibaba.

Lo mismo ocurrió con Morphe, marca económica en Estados Unidos pero que se vende en Sephora México, ya que para las consumidoras estadounidenses llegó a ser evidente que sus brochas tenían el mismo diseño que Crown Pro, una empresa dedicada al private label de brochas
de maquillaje. Aunque su mayor controversia ha sido con la formulación de sombras, ya que han cambiado los ingredientes para producciones secundarias de paletas exitosas, volviéndose de menor calidad y dejando de ser libres de crueldad.

LO PEOR: LA EXPLOTACIÓN.

El hecho de que la producción se realice por empresas subcontratadas, es uno de los aspectos más negativos porque tiene que ver con la explotación de mano de obra. Al contratar a una empresa para la producción, los valores que la marca busca demostrar dejan de importar porque no consideran que lo que ocurra dentro de las fábricas sea su responsabilidad; de tal modo que así tengan un personal diverso en género y etnia, salarios y prestaciones dignas para los trabajadores de sus oficinas y publicidad “inclusiva”, la producción de sus cosméticos se realiza en condiciones de explotación y precariedad laboral, probablemente la mayoría de la veces en países de Asia como China y Tailandia, donde las empresas pueden contratar mano de obra por la que pagan bajísimos salarios y no ofrecen ninguna prestación.

Por supuesto que esto también ocurre en las fábricas de México, un ejemplo es la controversia que tuvo Bailando Juntos de Yuya, cuando en las primeras semanas de la contingencia por Covid-19, una usuaria de twitter acusó que una fábrica de maquillaje aparentaba producir gel antibacterial, cubrebocas y caretas para que les trabajadores asistieran en pleno confinamiento.

La empresa que subcontrata no sólo no tiene interés por las condiciones de producción, sino que incluso si lo tuviera carece de la capacidad de interferir en las condiciones de trabajo que hay en fábricas que no le pertenecen. Al recurrir a productores externos únicamente buscan la mejor opción de precio, que entre más bajo sea no sólo podría implicar una menor calidad de materiales y terminado sino que definitivamente incluye una peor situación laboral para les trabajadores.

¿QUÉ HACER COMO CONSUMIDORXS?

Aunque el problema del private label en la industria del maquillaje se discute continuamente en espacios digitales, esta información no es tan popular entre la gran cantidad de consumidorxs de cosméticos. Debido a la falta de transparencia de las empresas es complicado conocer la trayectoria que siguen los productos hasta llegar a nuestra carita, sin embargo, gracias al trabajo colectivo de las comunidades del maquillaje en línea poco a poco se han dado a conocer las marcas que recurren al private label.

Elegir la versión más económica de una formula similar es la única opción para las consumidoras que por diferentes razones sólo buscan la utilidad del producto sin pensar en la ética de la marca o diseño del empaque. Por otra parte, dejar de consumir por completo la mercancía de las marcas que hacen private labeling puede ser una vía complicada e incluso injusta para algunas, sí es posible comenzar a cuestionarnos el valor de los productos que compramos ¿únicamente nos interesa cómo se ve el producto aplicado? La diversidad de diseños y maromas de la publicidad nos demuestran que es algo más; la formulación, la innovación, que tenga un beneficio la piel a
largo plazo, qué tan bien se ve un labial cuando lo sacamos de nuestro neceser…

Como consumidoras podemos reflexionar sobre las alternativas de compra que tenemos dentro del amplio mercado cosmético, ¿podemos continuar disfrutando del maquillaje mediante un consumo más responsable? Así como ha crecido la importancia que se le otorga a que los productos sean libres de crueldad animal y tengan ingredientes completamente seguros para el uso cosmético, cada vez es mayor el interés por las condiciones laborales de producción, que están lejos de ser justas para les trabajadores pero definitivamente no son iguales en todas las marcas.

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Tania Álvarez, estudió sociología y actualmente estudia trabajo social, sabe sobre transparencia gubernamental y otros temas importantes pero prefiere escribir sobre maquillaje y demás trivialidades. Le gusta el punk, my little pony, y evidentemente, maquillarse.