Erick Molina es un diseñador diferente y no, no estoy utilizando este término a la ligera. Pero es que para entender su talento hay que destacar que Erick Molina es un diseñador diferente al típico que abunda en la industria de la moda mexicana. Su talento no es un eufemismo de conexiones, nepotismo o una fortuna familiar.

Oriundo de Ecatepec, en la zona oriente del Estado de México, tanto él como su familia, como muchas otras en el espectro de la clase media-baja mexicana, han pasado toda una vida trasladándose más de cuatro horas al día (en transporte público) para acceder a trabajo y educación. Es de los pocos en su familia que pudo acceder a la educación superior del tipo privado y, además, estudiar moda. Y hoy, como pocos en la periferia, lanza su marca homónima y su primera colección.

Bueno, eres recién graduado y tengo que preguntarte ¿vale la pena la educación de moda en México? ¿Vale la pena lo que pagaste? Le preguntó esto a todas las personas que conozco que estudiaron moda porque toda la oferta en México es privada y carísima, me sigue pareciendo increíble.

No, la verdad no. No sé en otras escuelas pero a mí me toco una desactualizada. Todos los semestres dibujando un chingo… a mí me interesaba, no sé, saber cómo establecer un precio ¡y uno coherente con la realidad mexicana! No como las marcas que venden playeras en tres mil pesos. Hay que saber dónde estás parado, estudiarlo… siento que esas cosas se deberían enseñar en las escuelas.

Ahorita estoy haciendo mi tesis y estoy aprendiendo a investigar ¡aprendiendo! ¡imagínate! ¡después de cuatro años! O sea te puedo hacer setenta moodboards pero los diseñadores también deberían investigar, leer, más allá de lo visual.

Quizá por eso hay tantos casos de apropiación cultural y de clase ¿no? o sea, siempre se dice que este ritmo aceleradísimo de la moda no permite a los diseñadores procesar bien las ideas o investigar a profundidad… y es cierto, pero, vaya, resulta que es aún más grave porque ni siquiera te lo enseñan en la escuela en la que pagas miles de pesos.

Sí, justo, es la escuela que tiene deficiencias pero también ¿quién está pagando esos miles de pesos? ¿quién paga miles de pesos por educación en México? Usualmente es esta gente que no le dicen “naca”, que no le dicen “prieta”, que no la asaltan en el camión, no viven esas cosas. Y por más que sepas, siempre te va a faltar esa perspectiva para evitar cometer esos errores y te van a decir cosas como “bueno, ¿por qué hacen tanto drama”.

Claro, es bien fácil hacer una colección inspirada en Tepito cuando no vives ahí y has sufrido todo lo que sufre alguien de Tepito.

Exacto.

En la escuela me di cuenta que hay un millón de realidades distintas y que la moda sigue en una burbujita. La gente que estudia moda es privilegiada… interesarse en la moda en México todavía es un privilegio enorme.

Sí, claro, creo que eso es algo de lo que nunca se habla: interesarte en la moda es un privilegio, ya no hablemos de consumo. Y creo que en las periferias es peor porque la gente de la periferia no tiene tiempo. La vida se va en traslados en el transporte público, en trabajos de 9 a 7 donde te pagan el sueldo mínimo, en preocuparte por pagar la renta, alimentar a tus hijos…

Exacto. Me pongo a pensar en mis vecinos que ahorita en la pandemia no tienen trabajo o que les urge terminar la carrera para trabajar… no están pensando en la moda.

Interesarte en la moda y además hacer una marca, es todavía más difícil y también poco se habla de eso.

Sí, es difícil y MUY caro, no son cinco pesos. Entonces te das cuenta que estas personas que tienen marcas grandes obviamente tienen mucho varo.

Sí, porque, además ¿qué tan redituable es? Si es un porcentaje mínimo de personas que hacen moda, también es un porcentaje mínimo de personas que consumen moda: un mexicano promedio que gana $123 pesos no te va a comprar la playera o el vestido de miles de pesos.

Ya sabemos que hay muchísimo dinero en México pero está muy mal distribuido pero claro que hay gente que gasta 600mil pesos en una bolsa en el Palacio de Hierro… la gente compra lujo en México pero también ¿qué tipo de lujo? Compran Dolce & Gabbana, por ejemplo, una bolsa o una playera que digan, precisamente, Dolce & Gabbana… no compran otra cosa. Predomina esta ideología de que nombre es igual a lujo.

No me gusta esta idea de que una pieza de diseñador cara automáticamente es lujo porque ¡oh sorpresa! muchas veces no lo es. Al menos creo que en México debemos hacer productos coherentes, de la mejor calidad y en la medida de lo posible, pensando en la accesibilidad. Aunque no digo que la ropa deba estar a precios de fast fashion porque eso sería caer en el otro extremo de mal pagar a mucha gente involucrada en la producción.

Es bien difícil que la industria de la moda mexicana tenga espacio o apoye al talento joven pero es todavía más difícil si sus diseños se salen de lo convencional o comercial.

No hay apoyo a lo conceptual. Da miedo [risas]; me pongo a pensar quién de las personas que conozco me compraría… 2 de 10 quizá, pero creo que son personas que lo harían bien, es decir, son personas que se “casan” con un diseñador, que no solo me pedirían ropa gratis para sus fotos de instagram [risas]

Y pues de todos modos no tengo interés en “pertenecer” porque ¿quién consume Vogue? Tu tía a la que le gusta la moda. ¿O quién consume fashion week? A veces entro a ver los comentarios y hay personas que dicen que “¡están increíble!” los diseños aburridos de un diseñador que le vende a pura señora priista. A mí no me interesa venderle a ellas.

No me interesa. Me interesa crear comunidad, generar plataformas y espacios alternos.

Acabas de decir algo bien importante, “crear comunidad”. A la industria de la moda y en realidad a todas las industrias creativas les encanta utilizar el término de “comunidad” o “colectividad” pero, otra vez, parece que solo les interesa hacer esa comunidad en la misma burbuja de siempre, sería bien raro que quisieran hacer comunidad con alguien del Estado de México [risas]

Claro. Ser y vivir en Ecatepec no es una limitante para mí, tiene cosas chidas y creo que entendemos el sentido de comunidad diferente que en la ciudad.

Las redes me han ayudado mucho, son parte de mi trabajo y de mi generación… porque a través de ellas he conocido a un montón de gente de la misma zona que yo, con experiencias similares… a ti te conocí en instagram. Y pues hay ganas de hacer moda y hacer las cosas diferentes. Hay ganas, interés pero también hartazgo. Hartazgo de tener que trasladarte a Ciudad de México, tardarte dos o tres horas y que todavía te hagan jeta cuando llegues. El hartazgo también te mueve, te mueve a hacer las cosas diferentes.

Todo este enojo y energía quiero dirigirlo a mi proyecto para construir algo, aportar un poco. Mi meta es tener mi estudio y taller en Ecatepec, sería increíble que las personas que trabajen conmigo se hagan 15 minutos a su casa.

Esta primera colección, Baba de Caracol, es un poco sobre eso. Todas las personas involucradas en la campaña y en el lookbook son del Estado de México o de la periferia de Ciudad de México: Texcoco, Ecatepec, Xochimilco.

Eso es maravilloso, porque la diversidad no es nada más poner a alguien ligeramente moreno en tu campaña o en tu feed de instagram, también es incluir personas de todos los contextos, lugares de origen, lo que sea, en equipos y posiciones de poder. Parece que es bien fácil robarse los elementos estéticos, pero casi imposible que una persona del Estado de México que estudió en escuelas públicas llegue a tener siquiera una entrevista en una marca o revista de alto perfil.

Pero demostraste que hay fotógrafos, estilistas, modelos de la periferia y que se pueden armar cosas chidas con ellxs y que además no necesitan trasladarse cuatro horas porque la producción también se puede hacer por acá.

La colección se llama Baba de Caracol porque trate de hacer una analogía. Nosotrxs, de la periferia, somos como caracoles en la ciudad, estamos ahí pero nadie nos pela [risas] ¿y qué hace un caracol? Cuando se desplaza deja una baba que también nadie ve pero existe, nosotrxs hacemos a diario recorridos que nadie más ve.

Es una experiencia muuuuuy de la periferia, siempre tenemos movernos para ir a estudiar, a trabajar, al doctor…

Sí, antes lo odiaba, estaba muy peleado con eso. Me acuerdo que cuando iba en la secundaria, mis papás trabajaban en Reforma así que siempre me estuve trasladando allá [a Ciudad de México]porque siempre estudie allá, y en la secundaria recuerdo que en una misma semana me asaltaron dos veces en el trayecto a la escuela. Estaba enojadísimo. Pero luego me di cuenta que este trasladarme, literal desde los tres meses, me dio la oportunidad de ver los diferentes matices que hay en la ciudad. No agradezco la violencia [de la periferia] pero sí el poder ver más allá de un circulo social.

Con esto de la pandemia me di mucho tiempo para observar (en mi jardín por ejemplo), cosa que la gente de la periferia, por cierto, no se puede permitir, y me puse a observar caracoles [risas]

¿Cómo funciona la producción de tu marca? ¿Qué podemos esperarnos de esta primera colección?

Hay una parte experimental y otra más comercial.

La parte experimental son looks hechos con cosas reutilizadas, en gran parte porque la pandemia no me permitía ir a comprar material… hay prendas que salieron de prendas de mi papá, hay una prenda que tiene pedazos de discos.

La parte comercial son telas importadas y otras locales, uno de mis materiales favoritos lo conseguí en una fábrica que está a cinco calles de mi casa.

Mi dinamica de ventas tiene intención de trabajar a la medida o costumizar a preferencia de lxs clientxs… o sea no exactamente sastrería pero sí hacer ligeras modificaciones a las prendas que presento para que se adapten al consumidor. Así, pueden involucrarse en el proceso de diseño  y enamorarse de las prendas. Además estamos en México, y la mayoría de la ropa (que se presenta) no nos queda, ¡nuestro cuerpo es diferente!

Quiero hacer prendas prácticas. Quiero ser una marca conceptual pero accesible, porque sé qué hay gente que lo apreciaría y que lo espera.

 “Conceptual pero accesible” ¡me encanta! El concepto no tiene que ser caro y eres la prueba fehaciente de eso.

Es que tiene mucho que ver con mi realidad, mi experiencia. Seguramente quien vea mis prendas dirá “a este wey le encanta Kawakubo o Margiela” [risas] pero, económicamente hablando, es dificil comprar algo de ellos porque es otro tipo de lujo que nuestro país no consume. Sucede algo parecido al arte conceptual, necesitas capital y tener un background académico para “saberlo” consumir… además tienes que ir hasta el MUAC [risas]. Me gusta la idea de hacer del arte o de la moda algo conceptual, intelectual pero accesible, monetariamente hablando.

El arte ya ha sido fuertemente cuestionado, sigue la moda.

Entrevista por Nayma Flores.

CAMPAÑA: BABA DE CARACOL

Fotografías y arte con inteligencia artificial por Oswaldo Erréve.

Estilismo y dirección de arte por Francisco Bernardo

Modelo: Enrique Pulso