Texto por Ximena Navarro E. | Ilustración por Liv Herrera.

Aunque éste es un espacio en el cual busco mirar al mundo de la cosmética desde un ángulo crítico, debo de reconocer que existen figuras a las que les tengo admiración: los maquillistas y directores creativos de marcas de cosmética.

Derivado del éxito de su marca de maquillaje y de la discusión acerca de los looks en Euphoria, Pat McGrath es una de las profesionales más reconocidas; no obstante, existen otras figuras cuyas contribuciones aún perduran y cuyas campañas publicitarias no dejan de ser fascinantes.

Christian Dior ha sido un nombre esencial en las carreras de los maquillistas a mencionar. De ninguna manera es una casualidad. La casa francesa ha sido una de las primeras marcas de lujo en percatarse que tener una división de cosméticos es sumamente útil: a la par que ésta genera ingresos que compensan las menguantes ganancias de la alta costura, ayuda a mantener viva a Dior en el imaginario popular (claro, como un nombre asociado a la exclusividad y lujo absolutos).

EL MAESTRO DEL COLOR.

Un importante antecesor de McGrath es Tyen. Inició su carrera como maquillista de la Ópera de París y, posteriormente, trabajó en diversas publicaciones de moda de la mano de fotógrafos como Irving Penn o Bill King. Después, se transformaría en el director creativo de la división de maquillaje de Dior. También probaría suerte como fotógrafo al retratar él mismo muchos de sus looks.

Algunas de las imágenes más reconocibles de Tyen son las campañas
publicitarias de “Rouge Dior” protagonizadas por Mónica Bellucci. Al artista
vietnamita se le atribuyen la creación de productos como la paleta de sombras” 5 Couleurs”, la base para rostro “Diorskin Nude” y la barra de labios de colección “Rouge Diorific”. Todos firmados, evidentemente, por Christian Dior. Asimismo, Tyen fue uno de los impulsores de la sombra azul de ojos durante la década de los ’80.

EL REVOLUCIONARIO.

A su vez, Tyen fue antecedido por Serge Lutens, hoy conocido por su exclusiva línea de perfumes. Lutens crearía la primera colección de maquillaje de Christian Dior y sentaría las bases para una de las líneas de cosméticos más reconocibles del mundo.

Las campañas de la división de cosmética de la marca francesa se
distinguirían por estar inspiradas por el surrealismo. Las sombras y las barras de labios invitarían a, literalmente, utilizarlas como acuarelas. Más allá de lucir deseable, motivaban a las clientas a tener diversión a través de los cosméticos.

Durante su paso por Shiseido, la enorme marca y conglomerado japonés,
Lutens continuó experimentando con una estética reminiscente al
expresionismo alemán.

EL COMERCIANTE.

Si bien los dos maquillistas anteriores crearon productos que se
comercializan al día de hoy, me atrevo a afirmar que ninguna de sus
creaciones ha tenido el éxito avasallador que sí han conseguido las de
Peter Philips.

El belga se formó en la renombrada Academia de Amberes (sí, la misma de donde egresaron Raf Simons, Ann Demeulemeester, entre otros). Desde sus últimos semestres se distinguió por realizar formas geométricas o figuras poco convencionales en los rostros de las modelos.

Tras años de participar en sesiones de fotografía para revistas de
corte más “alternativo” como Dazed and Confused, sucedió a Dominique
Moncourtois y Heidi Morawetz en la dirección creativa de la división de
cosméticos de Chanel. Una de las características del dúo fue crear cosméticos que fascinaran a los clientes de la firma y a las personas de a pie por igual (ellos están detrás del “Rouge Noir”, uno de los esmaltes de uñas más célebres de la historia). Philips no tardó en poner en práctica esa lección: los esmaltes “Particuliere”, “Jade”, “Nouvelle Vague” generaron listas de espera larguísimas en todo mundo. Quienes no alcanzaron a adquirir uno de esos colores de edición limitada, podían comprarlos por más de 100 dólares en páginas como Ebay.

Otra de sus creaciones más comentadas fue el “Compacto bizantino”, una pieza de edición limitada lanzada en 2011 por Chanel.

Actualmente, Philips es el director creativo de la división de
cosméticos de Dior, en la cual sigue desplegando su habilidad para crear
colecciones que fascinan al gran público (Dior Backstage, por ejemplo),
aunque sus propuestas en pasarelas no han sido tan fascinantes como las
que presentó de la mano de Chanel.

Más allá de que el trabajo de este trío sirva como recordatorio del elitismo intrínseco de la industria de la moda, es relevante cómo, pese a que Lutens y Tyen trabajaron en tiempos previos a las conversaciones de la inclusividad, sus ideas fueron retomadas por grupos marginados. Un ejemplo muy claro es Paris Is Burning, el clásico documental de Jeannie Livingston. Participantes como Venus Xtravaganza y Octavia St. Laurent expresan su admiración por el glamour de las pasarelas parisinas e intentan, dentro de sus limitaciones, recrear muchos esos looks, incluyendo, por supuesto, el maquillaje. En varias ocasiones los resultados sobrepasan a la inspiración. ¿Lutens, Tyen o Philips se habrán inspirado en la creatividad de ball culture neoyorkina en algún momento?

La industria de la cosmética ha sabido adaptarse perfectamente a los
cambios sociales y tecnológicos. Las fantasías ya no emanan únicamente de las páginas de Vogue. Ahora la fantasía es relativamente más “democrática”: los consumidores pueden adquirir sombras pigmentadas en los tianguis y súper mercados; los personajes de una popular serie de televisión lucen nubes en sus párpados y hay miles de vídeos en internet que muestran cómo transformar el rostro fácilmente.

Pese a que ahora existen innumerables ejemplos de maquillistas talentosos
gracias al internet, conocer la historia y creaciones de un selecto grupo que
contribuyó al imaginario del mundo del glamour y la cosmética no deja de ser fascinante.

*

Ximena Navarro estudió Ciencias de las Comunicación en la UNAM; durante su estancia en la facultad buscó realizar reportajes y trabajos de investigación con perspectiva de género. Actualmente redacta su tesis de licenciatura acerca de la cultura del maquillaje e instagram. Gasta más de lo que debería en Sephora y en conciertos.