Texto por Dulce María Perea | Ilustración por Ale Vega

El capitalismo es una estructura que tiende a reproducirse a si misma, es extremadamente flexible en su forma y puede adaptar su existencia a cualquier realidad, siempre y cuando mantenga vigente su ley principal: la extracción de plusvalía a través de la explotación de la fuerza de trabajo. 

Esta sencilla, pero poderosa idea nos puede servir como guía para explicar un sin fin de procesos que se desenvuelven en la actualidad. Quizá sea en el ámbito de la ideología y el sentido común donde es más fácil identificarla; por ejemplo, existe un dicho que dice: “La basura de los ricos es el tesoro de los pobres”. Es decir, lo que en un determinado momento asociamos con la pobreza o la riqueza es una idea sujeta a modificaciones. En las principales ciudades del país, quienes por décadas han sido los consumidores de la paca, han sido personas provenientes de los barrios históricamente populares. Basta darle un vistazo a la ubicación de los tianguis de pulgas en la Ciudad de México y el EDOMEX.

La ropa de fayuca, aquella comprada por lotes en la frontera con los Estados Unidos, llega a los tianguis de las ciudades en donde miles de familias mexicanas la consumen no solo porque se encuentra dentro de su presupuesto, también por gusto y por su calidad, ya que la mayoría de las prendas de segunda mano tienden a durar mucho más tiempo que las producidas bajo los parámetros del fast fashion. Por mucho tiempo, la ropa usada estuvo vinculada a las clases bajas, era poco común que las clases medias —casi siempre aspiracionales en su consumo y en su estilo de vida—, y mucho menos las altas llegasen a comprar ropa usada.

Sin embargo, hoy en día podemos apreciar un aumento en la demanda del second-hand por casi todos los estratos sociales. Más allá de los discursos ecológistas y del “consumo ético”, que sin duda han permeado el visto bueno por la ropa usada, sucede que, si en algo el modelo neoliberal ha triunfado durante las ultimas tres décadas, ha sido en consolidar una fragmentación de clase jamás antes vista. En México, las clases medias se han reducido considerablemente, y con ello su poder adquisitivo. Con la implementación de las políticas neoliberales, miles de empleos se perdieron y los que se crearon lo hicieron a partir de un esquema de trabajo desprotegido y precarizado. Como lo señala el economista mexicano Luis Quintana: “Los resultados de las reformas aplicadas en México elevaron la capacidad exportadora del país, pero a costa de: la fractura de los encadenamientos productivos locales, la desintegración de la capacidad productiva, la emergencia de un gran sector terciario informal, la precarización del trabajo y una mayor desigualdad en el ingreso.” (Quintana, 2016)

En ese sentido, los bajos salarios, las jornadas desreguladas y los contratos sin prestaciones se convirtieron en la norma para las nuevas generaciones trabajadoras. Posicionando al trabajo informal como una de las pocas opciones laborales a las que miles de jóvenes tienen acceso para sobrevivir. Teniendo en cuentas cifras analizadas a partir de la Encuesta Nacional de la Ocupación y el Empleo, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y expedida en el año 2013, Lara Sanchez señala: “De lo anterior desprendemos que el 76% de la población total con capacidades para trabajar se encuentra en las filas del desempleo o del subempleo y solamente el 24% cuenta con un empleo permanente que le garantiza ciertas prestaciones económicas y sociales como la atención médica o una pensión en su retiro.” (Lara, 2019: 26)

Es así como los bazares de segunda mano se han convertido en una salida viable para lxs miles de jóvenes condenadxs a una vida laboral precaria e inestable. El trabajo consiste en buscar prendas de segunda mano que estén a la “moda”, limpiarlas, arreglarlas si es que tienen algún defecto, hacer envíos y administrar un espacio digital o presencial que le sea atractivo a posibles compradores. La ganancia comercial surge de vender las prendas a un precio mayor del comprado a partir de un valor simbólico agregado —proveniente de la popularización del second-hand— y por el trabajo antes mencionado; en algunas ocasiones generando un fenómeno conocido en Estados Unidos como gentrification of trifting o gentrificación de la ropa de segunda mano.

Fenómeno que la comunicóloga y youtuber norteamericana Tiffanyfergg describe como el paulatino incremento de los precios de la ropa de segunda mano, debido a que sectores sociales —particularmente provenientes de clases altas o medias—, incrementan su demanda. Aunque existen bazares, especialmente los de colonias acaudaladas de la ciudad, que incrementan exageradamente los precios de las prendas, me parece que en México la gentrificación de la ropa de segunda mano aún no se puede equiparar con la experimentada en el mercado estadounidense.

Lo que sí es real, es que aquí los bazares de segunda mano son mas bien pequeños negocios de autosuficiencia, consecuencia de las pésimas condiciones laborales que vivimos en el país. Quizá, transformar nuestros hábitos de consumo hacia formas más sostenibles y solidarias por vía del mercado sea simplemente un paliativo del desempleo estructural y de los enormes problemas ambientales a los que nos enfrentamos. No obstante, no por ello estos cambios no sean necesarios. Como en algún momento el propio Marx describiría en sus estudios sobre los esquemas de reproducción en el capitalismo: el consumo de las clases trabajadoras SI es importante y contribuye a la reproducción del sistema en su conjunto, (Marx, 1972). No cabe duda de que necesitamos generar otras formas de consumo, más amigables con el medio natural y social.

Al consumir en pequeños bazares o en tianguis de pulgas no solo ayudamos de forma inmediata a la comunidad, también podemos apropiarnos de otras formas menos destructivas de producir moda y de generar nuevos procesos autónomos y creativos. En otras palabras, no necesitas consumir tanto ni nuevo para verte increíble, tampoco darle tu dinero a los mismos monopolios de siempre para que sus dueños se hagan más ricxs. Ultimadamente, si algo nos ha enseñado la pandemia es que la única forma de sortear la crisis es a través de acciones solidarias de clase; empezando con lo que puedas y desde donde te encuentres.

REFERENCIAS

[1] Gutiérrez Rodríguez, Roberto. (2009). La recesión y la medición de la tasa de desempleo de México ante una eventual reforma laboral. Economía: teoría y práctica, (31), 43-72. Recuperado en 23 de enero de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-33802009000200003&lng=es&tlng=es.

[2] Lara Sánchez, Miguel Ángel (2019) Las formas de obtención de plusvalía en México (1992-2017), Universidad Nacional Autónoma de México, México.

[3] Marx, Karl (1972) El Capital, Libro II, Sección III, capítulo XX, apartados IV y XI, México, Siglo XXI.

[4] Rubio, Blanca (2001) Explotados y oprimidos, los campesinos latinoamericanos en la fase agroexportadoras neoliberal, Plaza y Valdez, México

[5] tiffanyferg, The Rise of Thrifting, publicado el 6 de Diciembre de 2018, YouTube 15:39 https://www.youtube.com/watch?v=LHkqP5mmB6A&ab_channel=tiffanyferg.

[6] Quintana Romero, Luis (2016) Crisis neoliberal y reforma laboral en México Cuadernos del CENDES, vol. 33, núm. 93, septiembre-diciembre, pp. 113-123 Universidad Central de Venezuela Caracas, Venezuela

*

Dulce María Perea estudió Geografía en la UNAM. Es especialista en Geografía Económica, Geopolítica y Demografía. Le interesa escribir sobre feminismos, masculinidades, marxismo y psicoanálisis. En su tiempo libre le gusta ver películas, series y anime con su gatita, estudiar japonés, maquillarse y probarse ropa por las madrugadas.