El siguiente texto, de la autoría de Rosangela Fernández, corresponde a una serie de capsulas mensuales en colaboración con su firma especializada en derecho de moda, Partner.

Collage por Melina Guerrero.

La apropiación cultural ha sido tema controversial en los últimos años dentro de la industria de la moda, la cual, debido a su naturaleza creativa, suele considerar la inspiración como uno de sus principales pilares y además completamente “aceptado y normalizado”  entre sus integrantes. Desde la formación en diseño se hace la invitación a tomar como fuente de inspiración el entorno, pero sin que dicha inspiración haya sido delimitada cuando se pretenden integrar elementos que constituyen expresiones culturales pertenecientes a comunidades históricamente en desventaja, pues lejos de asumir la responsabilidad frente a la falta de reglamentación, han encontrado argumentos para su aprovechamiento.

No existe un ordenamiento legal que defina con exactitud tales conceptos, no obstante, de las nociones entendidas y expresadas por otros profesionistas en el campo, sabremos que no toda apropiación cultural es castigada, sino solo aquella que pueda describirse como indebida, y el plagio es una de ellas.

El evidente cambio de consciencia en los consumidores ha puesto de manifiesto la necesidad de darle solución a esta práctica, pues a pesar de ser un fenómeno que se ha “intentado” reglamentar durante muchos años, aún seguimos partiendo de las mismas premisas.

PLAGIO DESDE EL PUNTO DE VISTA LEGAL.

Si bien, las legislaciones aplicables no lo definen como plagio, en sentido amplio es el término más adecuado para referirnos a la copia o imitación de un diseño cuyo derecho de explotación, le pertenece a un tercero. En este sentido, dependerá del derecho por el que se encuentre protegido el diseño que se aplicará un término legal en específico.

Cuando hablamos de plagio derivado de una apropiación cultural indebida, al no existir una legislación en ese sentido, ni para otorgar derechos ni para condenarlos, resulta atinado utilizar este término y no cualquier otro que podamos encontrar en una u otra legislación, pues de hacerlo estaríamos dotando al diseño de derechos y características específicas de acuerdo a ley de que se trate.

En el intento de proteger las expresiones culturales, se han reformado y añadido artículos a la Ley Federal del Derecho de Autor y a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, pero sin que ninguna de ellas logre dar el respaldo y la protección necesaria a las comunidades, lo que ha quedado evidenciado con los últimos casos de firmas extranjeras que han sido acusadas de plagio y apropiación cultural, pues no ha sido posible actuar con base en algún ordenamiento o mecanismo legal.

El problema principal, es que al amparo de tales ordenamientos se debe solicitar el registro por el titular del diseño, así como para su defensa es necesario contar con la acción de la persona que haya obtenido su registro, solicitud y defensa que requieren la intervención y asesoramiento de un profesional en la materia y que no está al alcance de las comunidades.

En otras palabras, la legislación existente no está dirigida a las expresiones culturales ni tampoco a las comunidades, por lo que es inútil tratar de garantizar su protección por medio de ellas.

LAS EXPREXIONES CULTURALES COMO DERECHOS DE AUTOR.

Si abordamos las expresiones culturales desde el punto de vista de una obra de arte, encontramos dicha definición limitada para encajar con la naturaleza de vigencia y titularidad colectiva sin autores identificables.

En mi opinión, es posible identificar al artesano, quien confecciona o elabora y cuenta natural e históricamente con el derecho de reproducción, pero el autor propiamente es colectivo y no identificable, pues de serlo conforme a la ley, debería sujetarse a la vigencia y definición. ¿Puede cualquier persona ser autor de una artesanía? ¿El origen étnico no forma parte de la identidad de un pueblo? Lo anterior supone, que bastaría con aprender la técnica de elaboración para crear una pieza y gozar de un Derecho de Autor, sin importar el origen de la persona y que al término de 100 años después de su muerte, tal pieza sería parte del dominio público.

 En este contexto, tomando como pilar la identidad como elemento de las expresiones culturales, el origen étnico del autor es indispensable, por lo tanto, la inspiración, definida por la Industria de la moda como “el fruto de una indagación previa que luego conduce a la generación ideas creadoras” (Pérez Cortés, 2004), daría lugar a la creación de una obra derivada, por lo que sería necesario obtener el consentimiento del autor de la obra primigenia (original), consentimiento que puede traducirse en uso, no así en explotación, pues resulta indispensable para ésta última la intervención del trabajo artesanal del titular de la expresión cultural para dotarlo de identidad.

Las expresiones culturales no son sólo producto de la actividad inventiva sino que son la definición y representación de la historia e identidad de un pueblo, y por tal motivo es imposible que puedan desprenderse de sus creadores. Sin importar la cantidad de cambios o adecuaciones que se realicen.

La solución a la explotación es planteada en virtud de un contrato de colaboración, que permite la coexistencia de derechos de diversos titulares en un mismo diseño. Pero, ¿realmente se consagra el derecho al beneficio económico en favor de la comunidad? Si bien es posible dotar de legalidad al negocio entre diseñadores y expresiones culturales, identificar como autor a uno o varios artesanos, no corresponde a su naturaleza. Solo aquellos que tengan la oportunidad de firmar un contrato de colaboración se verían beneficiados económicamente y quizá, sin el consentimiento de la comunidad de que se trate por haber acordado reservar algunas expresiones para su uso exclusivo y no para comercializarse.

LAS EXPRESIONES CULTURALES Y LOS DERECHOS DE PROPIEDAD INDUSTRIAL.

Entendamos como tales los derechos derivados de las marcas y diseños que tienen una aplicación industrial. Derechos que se aplican naturalmente a bienes económicos, lo que contraviene la naturaleza de las expresiones culturales, pues éstas no constituyen bienes económicos per se, y que igual que los derechos de autor, otorgan exclusividad de explotación a quien solicita su registro.

Por supuesto que aclarar y reglamentar la protección al uso de estas expresiones es imperativo, pero es fundamental que se haga a partir del diálogo con los sujetos de derecho, las comunidades indígenas. Sin duda hay preocupación por protegerlas, pero sigue prevaleciendo la falsa creencia de que por tratarse de un grupo vulnerable, el Estado debe decidir por las comunidades, cuando solo a ellas les corresponde definir de qué manera y en qué calidad han de ingresar sus expresiones culturales al sistema económico, así como también las que se reservan para su uso exclusivo por razones históricas, que generalmente suelen ser dolorosas y por ende son estandartes reservados para quienes formaron parte de la lucha.

NO ES POSIBLE HABLAR DE INSPIRACIÓN Y DE EXPRESIONES CULTURALES.

En mi opinión y derivado de lo expuesto anteriormente, la inspiración es un elemento que no puede ni forma parte de la creación un nuevo diseño que pretende una titularidad exclusiva e individual, cuando se hace uso de expresiones culturales. En efecto, y de conformidad con la normativa actual, existirá una colaboración que deberá estar basada en el comercio justo, la transparencia y el conocimiento de la trazabilidad del negocio, de otra manera, será una intermediación que tenga por objeto acercar expresiones culturales de cierta región del mundo a un público consumidor, pero nunca podrá entenderse como un diseño original creado únicamente por el diseñador.

Tampoco lo será aquel diseño creado a partir del aprendizaje de la técnica, pues el reproducirlo por un tercero ajeno a ese grupo diluye por completo la identidad y la historia, de tal manera que deja de ser una expresión cultural, careciendo completamente de valor artesanal, quedando únicamente plasmado abuso y aprovechamiento.

REFERENCIAS

  • OMPI. (Agosto 2019). Frenar la apropiación cultural en la industria de la moda mediante la propiedad intelectual. Revista de la OMPI, 4/2019.
  • Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas (2007)
  • Conversatorio. Conocimientos, Cultura e Identidad de los Pueblos y Comunidades Indígenas y afroamericanas. El proyecto de Ley. Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM. (Marzo 2020)