Texto por Rebeca Leal Singer que forma parte de su columna Platón en Pants. Collage por Cut, Paste & Speak!

Desde hace un tiempo para acá he estado pensando mucho en el amor como idea filosófica. Tengo la impresión de que suele considerarse como algo cursi, menor, que no tiene lugar en el pensamiento formal. Yo misma he sido culpable de este sesgo: durante años me resistí a escribir poemas de amor, por ejemplo, porque creía que nadie me iba a tomar “en serio”. Sin embargo, el amor, ahora comprendo, puede ser una herramienta política fundamental. Esta idea la obtuve de la filósofa estadounidense bell hooks, a quien no podría recomendar más: desde lo más profundo de la espiritualidad, empatía y fortaleza, los seres humanos tenemos la posibilidad de relacionarnos de otras maneras con nosotros y nosotras mismos, con todos y todas las demás.

Y aunque parezca difícil de creer, el amor no es cuestión nueva en la filosofía: desde la antigua Grecia, y el romanticismo, pasando por Roland Barthes (tiene un libro maravilloso y muy conocido llamado “Fragmentos de un discurso amoroso” en el que escribe aforismos e ideas cortas acerca del amor), y más recientemente con hooks, Byung Chul Hahn, etcétera…

Entonces, ¿por qué a veces no pensamos en el amor?, ¿por qué parece que hablamos de algo cursi cuando en realidad es algo fundamental?, ¿por qué en este país en el que vivo, repleto de violencia, muy pocas personas están pensando en términos de amor? Platón proponía una división de este concepto en siete tipos distintos. Tal vez sea tiempo de analizarla.

  1. EROS

Cuando hablamos de Eros, hablamos de aquello en lo que la mayoría de las personas piensan cuando escuchan la palabra “amor”. Hablamos de amor romántico, deseo, pasión, embriagamiento… Ese amor que puede llegar a ser muy bello, pero también infinitamente peligroso, especialmente cuando las estructuras de raza, clase, género y poder se le cruzan por los lados y por encima.

Me encuentro en un momento de mi vida donde Eros ocupa un lugar privilegiado. Cada mañana le abro la puerta a este espacio y le pregunto: ¿Qué haces aquí? Independientemente de su respuesta, lo dejo entrar.

Cuando pienso en el amor como Eros, visto desde la ropa, me parece que la prenda que mejor lo representa es ese exagerado elemento peludo en forma de corazón de Yves Saint Laurent. No sé si llamarle chaleco, chamarra o capa… pero sé que me causa alegría.

  1. PHILIA.

Para los griegos, philia equivalía a lealtad, comunidad y disciplina, el amor entre amistades. Aristóteles, en la Ética Nicomaquea (que precisamente no es un libro sobre ética, sino sobre política) dice: “Las cosas que provocan amistad son: “hacer bondades, hacerlas sin máscaras, y no proclamarse cuando se hayan realizado”. (La traducción es mía).

Me acuerdo de mis amigas y su forma tan única de manifestar su presencia cuando más la necesito. Me acuerdo de Telfar Clemens, el diseñador liberiano-estadounidense, creador de la bolsa Telfar. En realidad, más que de una bolsa, se trata de un concepto: una muestra de amor del diseñador hacia su comunidad, es decir, la comunidad afroamericana de Estados Unidos. Clemens buscó que este accesorio no tuviera género, que estuviera hecha de cuero vegano, que fuera “un poco más accesible” que las bolsas de lujo normales (sigue siendo bastante poco accesible, pero se aprecia el gesto) y que, desde su punto de vista, hiciera que su comunidad se sintiera representada.

Las campañas de mercadotecnia de Telfar, por su sentido de naturalidad e intimidad —como si el fotógrafo conociera a los sujetos de la fotografía desde antes, y como si éstos estuvieran usando su propia ropa en ella— me parecen muy especiales.

  1. STORGE.

Storge para mi son Gianni y Donatella Versace: amor fraternal. Recuerdo que alguna vez leí que Donatella Versace (en su carrera de más de más de diez años como la cabeza de esta marca) jamás ha diseñado una sola prenda. ¿Cómo puede existir una diseñadora sin diseños? Esa es Donatella. Cuando su hermano Gianni fue asesinado en los noventas, ella se quedó a cargo, y no tuvo más opción que continuar con la visión de ambos. De alguna manera, esto me parece poderoso, algo así como una transición alquímica en la cual la energía de dos se queda en uno solo.

Otro dato que me encanta es que el icónico logo de Versace es una medusa. Cuando Donatella y Gianni eran niños, jugaban en ruinas muy antiguas cerca de su casa en Regio di Calabri, en Italia. Ahí fue donde vieron por primera vez la cabeza de “La Gorgona” y desde entonces, los atrapó.

Supongo que los griegos siempre están ahí, afortunadas somos quienes tenemos la oportunidad de verlos.

  1.  AGAPE

En el 2018, tuve el privilegio de visitar la exposición “Cuerpos celestes: la moda y la imaginación católica” en el museo MET en Nueva York. Cientos de vestidos enfilados, acomodados, curados para demostrar la enorme influencia que la religión tuvo y tendrá en la moda.

De hecho, en esa exposición, me pasó una de las cosas más insólitas de mi vida: encontrarme a la directora de Vogue, Anna Wintour. Me pareció tan surreal verla en persona que dejé salir un “¡ah!”. Mi mamá no sabía quién era y me golpeaba ligeramente con el codo para que se lo dijera. Cuando al fin se lo dije, en la voz más baja que pude,  no paró de insistir en que fuera a pedirle trabajo porque “yo escribía muy bonito sobre moda”. Nos moríamos de risa. Inevitablemente tuve que sacarnos completamente de la sala para evitar vergüenzas. En fin, esa es otra historia.

El chiste es que todo en esta exposición era maravilloso. Cada vestido estaba acomodado de tal manera que formara parte de una escena religiosa, ya fuera una boda, una ceremonia, un sepulcro… una decena de maniquíes vestidos de Moschino, colocados en fila, uno tras otro, como si se tratara de una procesión eterna.

El amor ágape, para los griegos, era el amor a la humanidad, un amor incondicional. Era lo contrario al amor personal y al amor romántico: un amor que se extiende más allá de todo y de cada quien.

Después, la tradición católica retomó este concepto y lo colocó en dirección a Dios. Entonces, cobró un sentido nuevo: amor hacia este ser supremo, un amor divino que se comparte, lleno de devoción y sacrificio.

  1. LUDUS

Mantener una relación ligera con la vida no es fácil. Para muchos y muchas, la vida es pesada como una estrella de neutrones o un plasma de quarks (Ver: “El inconveniente de haber nacido de Émile Cioran”). Y en muchos momentos, así se siente. Sin embargo, para los griegos, existía este concepto llamado “ludus”, es decir, un amor que busca la aventura y la diversión, una forma de ver el mundo desde el sentido de goce, desde la ligereza.

En lo personal, considero que tener un poco de ludus en cada día es importante, aunque también considero que la pesadumbre tiene su lugar y motivo de ser. Es necesario, entonces, un equilibrio, aunque suene trillado y últimamente para mi ese equilibrio se encuentra en mis zapatos.

Desde hace un año todos los días uso unos crocs de tye dye para estar en mi casa.  Es difícil de describir, pero la alegría que me causa su comodidad y su estética es una que he experimentado muy pocas veces en mi vida, en cuanto a ropa se trata. Es así de simple: cuando veo mis zapatos, me río.

Después de tanto uso ya están raspados y se han ajustado ligeramente a la forma de mi pie. Sin duda, tienen su propia aura. Entre todo lo que ha representado este año, mis sandalias de plástico, que además, me regaló mi gran amiga Camila, me recuerdan lo absurda y simpática que puede ser la vida, creo que esto no es poco.

  1. PRAGMA

Pragma, como la palabra indica, tiene que ver con lo pragmático, lo práctico, lo que se resuelve de la forma más eficiente y sencilla. Pragma es algo que dura para siempre.

Tal vez podría pensar, entonces, en algo así como un traje Chanel, que supuestamente jamás pasará de moda. Sin embargo, considero que un ejemplo más preciso sería una prenda que fue heredada o regalada.

Creo en la presencia metafísica de las cosas, de los objetos, para ser precisa. Creo en la transmisión energética que existe cuando un objeto cambia de dueña o de dueño. Creo en el poder, por más sencillos que sean, de los regalos.

Así, una prenda regalada, heredada, encontrada por azar en una abrumadora torre de ropa de paca, jamás “pasará de moda”, en el imaginario de uno o de una. Jamás dejará de ser importante ya que trasciende los discursos capitalistas de las tendencias y de la utilidad, porque será por sí misma, sin importar lo que pase.

En mi memoria quedó grabada un video de una entrevista a Kurt Cobain, en el cual indica que su ropa favorita era, no la que encontraba en bazares de ropa usada, sino la que lo encontraba a él. Se trataba entonces de “tesoros”, en sus palabras.

  1. PHILAUTIA

Philautia quiere decir respeto propio, amor a una o a uno. Podría escribir durante horas sobre esto.

En lo personal, el camino hacia la autoestima, hacia este amor propio, ha sido un verdadero viaje para mi y estoy consciente de que aún no acaba. Pequeños hábitos, pero no por ellos menos poderosos, han sido mis aliados en este proceso sanador: llámese meditar; decir afirmaciones; procurar mi práctica espiritual; ir a terapia epigenética y reconocer el impacto de mis antepasados en mi presente; leer e intentar practicar la sexualidad sagrada; aprender a poner límites… Sin embargo, parafraseando a mi maestro “Cada logro espiritual es un logro diario”. Así, como Sísifo, cada día debo volver a cargar la piedra.

La decisión, asimismo, diaria, de vestir mi cuerpo con prendas que honren este proceso de aceptación radical, no es cosa menor. Vuelvo a mis sandalias coloridas de plástico. Me siento yo misma.

En conclusión, Platón propuso una división de este concepto, y no me sorprende que se mantenga vigente hasta nuestros días. Le recomiendo a absolutamente todas las personas que lleguen a este texto que lean “Todo sobre el amor” de bell hooks. Quizás, algún día o poco a poco, logremos tomar este concepto un poco más en serio, y mejor aún, logremos incorporarlo en nuestras relaciones interpersonales hasta llegar al nivel más macro, perforando las esferas políticas de la desigualdad. Por mi parte, me mantengo positiva.

Rebeca Leal Singer (Ciudad de México, 1994). Escritora y entusiasta de la moda. Maestra en Creación Literaria por The New School, Nueva York. Su objetivo en la vida es hacer que las cosas complicadas sean sencillas.