Texto por Ximena Navarro E. | Ilustración por Cut, Paste and Speak!.

Pese a los prejuicios, hablar de cosméticos no sólo es una frivolidad más sino una forma de conocer el estilo e historia de vida de una persona e, incluso, su manera de entender su propio género y lugar en el mundo.

Emily Weiss es una figura controversial y fascinante. Por un lado, es fundadora de una exitosa -y muy imitada- compañía de cosméticos, Glossier; por otro, fue una modelo adolescente, asistente de belleza de la revista Vogue y participante de un reality show. Cada una de esas facetas ha generado múltiples conversaciones y polémicas; no obstante, para mí, su aporte más atractivo es el portal Into The Gloss.

Dicho sitio web inició como un blog para discutir acerca de los productos de belleza. Weiss decidió utilizar todos los contactos que había acumulado a través de su carrera para respaldar el contenido de su incipiente portal. La joven entrevistaría a editoras de Vogue, modelos y actrices de Hollywood acerca de sus productos favoritos de belleza. Ese tipo de contenido no era nada novedoso. Las revistas de moda lo habían realizado por años, pero, el elemento que Weiss decidió explotar fue generar perfiles enteros acerca de sus entrevistadas a partir de sus rutinas y productos de cosmética favoritos.

El costo promedio de los productos utilizados por la mayoría de las entrevistadas de Weiss no tardó en generar controversia. En efecto, la mayoría de las mujeres que aparecían en Into The Gloss gastaban en belleza lo que para muchos es el equivalente a un sueldo mensual. No obstante, la exmodelo no tardó en expandir su agenda: comenzó a perfilar la rutina de mujeres célebres –así como hombres y personas binarias-, pero de ámbitos diversos: presentadoras deportivas, exempleadas de la Casa Blanca, activistas, intelectuales, editoras literarias…

A través de cada entrevista es posible entender mejor el acierto de Weiss: les entrevistades comenzaron a develar que utilizan lápiz labial rojo como una manera de reafirmar su posición en el mundo como latinas en Estados Unidos, pero también para estrechar vínculos con su comunidad; otras, que utilizar maquillaje representó todo un acto de rebeldía porque en su empleo no era bien visto que una mujer portara maquillaje, etcétera.

Entre algunos de los perfiles periodísticos más relevantes y contrastantes de Into The Gloss se encuentran el de Carla Bruni y el de Alencia Johnson. Por un lado, Carla Bruni fue una súper modelo durante los ’90, cantante, heredera de una poderosa familia italiana así como primera dama de Francia; por otro, Alencia Johnson es la directora de comunicación de la organización Planned Parenthood, colaboró en la campaña de reelección de Barack Obama y trabajó en la aseguradora Geico.

Ambas mujeres han tenido exposición pública en la arena política y ambas disfrutan de usar productos de lujo, pero a través de sus entrevistas es posible comprender la manera tan distinta en la que entienden la belleza. Mientras que para una utilizar un labial brillante le ayuda a potencializar su confianza durante el día; para la otra, el maquillaje debe de ser ligero porque siente que su piel ya no está en condiciones de ser “enmascarada” con tanto producto.

Asimismo, la manera en la que comprenden el maquillaje es distinto: Carla Bruni aprendió trucos a lo largo de su carrera como modelo. Alencia Johnson entendió la importancia de una buena presentación gracias a su tradicional educación sureña.

Hubiese sido interesante que Carla Bruni hubiese compartido sus “secretos de belleza” con Into The Gloss mientras fue primera dama de Francia (su nombramiento no fue muy bien recibido). ¿Se hubiera atrevido a confirmar que utilizaba maquillaje de Yves Saint Laurent ante la opinión pública? Si sí lo hubiese hecho, ¿alguna autoridad hubiera indagado si el presupuesto para el presidente solventaba ese gasto? ¿Y qué hay de Alencia Johnson? ¿Es “adecuado” que una de los directoras de una organización como Planned Parenthood utilice un corrector de NARS?

No puedo evitar preguntarme qué pasaría si existiera un Into The Gloss en México y entrevistara a mujeres de la política mexicana. ¿Se atreverían a compartir que, quizá, utilizan cremas La Mer o Sisley? ¿Por qué casi ninguna de ellas utiliza labiales rojos o naranjas en el Congreso? ¿Ha cambiado la rutina de belleza y cuidado de Claudia Sheimbaum en el momento en el que se transformó en Jefa de gobierno de la Ciudad de México? ¿Por qué? ¿Cuál es la opinión de Josefina Vázquez Mota acerca del cuidado del rostro?

Estoy segura que más allá de afiliaciones partidistas o posiciones políticas, todas esas mujeres están atravesadas por la incongruente exigencia patriarcal de lucir “bien”, aunque no “demasiado”. También que la ausencia, o, en su defecto, presencia de maquillaje en sus rostros durante sus apariciones políticas no es casual. De alguna manera configura la forma en la que comprenden su posición en el mundo. También pienso que el perfil de más de una primera dama o política en cargo generaría una que otra acusación de malversación de fondos o corrupción gracias a los labiales Gucci o Tom Ford que posee.

Porque la belleza no sólo sirve para hacer publicidad; generar contenido en redes sociales; alimentar una industria voraz o servir a la vanidad patriarcal, sino también para develar nuestra posición en la y frente a la sociedad.

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Ximena Navarro estudió Ciencias de las Comunicación en la UNAM; durante su estancia en la facultad buscó realizar reportajes y trabajos de investigación con perspectiva de género. Actualmente redacta su tesis de licenciatura acerca de la cultura del maquillaje e instagram. Gasta más de lo que debería en Sephora y en conciertos.