Texto por Angela Juana Rivera | Collage por América Uribe 

 

Mis primeras aproximaciones a la moda en México (y en general, acá comencé a introducirme en este pedregoso terreno) fueron con Güerxs y posteriormente, con Barragán. 

En ese momento trabajaba sobre un concepto que pudiera graficar cómo ciertos elementos se transformaban en algo cool, sin caer en las tradicionales lecturas de apropiación. Estéticas Cooleras, una tesis pensando sobre el cuerpo, la juventud y el género, fue lo que resultó, precisamente, luego de explorar las experiencias de los y las modelos de Güerxs y prestar especial atención a las colecciones de Barragán. Los diálogos entre la cultura popular, las culturas juveniles y la moda han sido históricos y es por ello que, en algunos casos, vale la pena pensar más allá de la «apropiación» entendida como un traslado o movimiento de elementos, símbolos e imágenes (entre otros) para dotarlos de otros significados y usos.

La ciudad, como un flujo vivo, es el principal elemento inspirador de la nueva colección de Barragán. Tipografías que traen al primer plano al metro, colores que se trenzan en cada puesto y los matices grises de una metrópoli que contiene en sí la contradicción de un gris asfaltado y liso, ante un gris desplazado y rugoso. Barragán trabaja con esos elementos en las anteriores colecciones y en la reciente colección de otoño/invierno 2019 presentada en el Archivo Diseño y Arquitectura.

Lo que me parece más interesante (en una interpretación muy personal) es que, trabajar con la ciudad es trabajar con la memoria de las personas que la habitan, es un trabajo hábil y que, también, como tantos otros que han practicado la deriva por la ciudad, impacta en distintos niveles y propicia distintas situaciones políticas y de creación. Lo gráfico de la ciudad, el ensamblaje social que es cada cuadra, colonia, camiones y peseros, son una forma de presentar asuntos relativos a la identidad (no como un absoluto), lejos de lo que se podría pensar como nacionalismo, entre  las muchas formas de representar ideas sobre lo «local». 

El casting, a cargo de Güerxs y su creadora, es fundamental para dar forma a la propuesta. Al igual que la duda que presento sobre la apropiación, también pienso que se estrecha directamente con esta actividad de curaduría que desarrollan los directores o directoras de casting, al escoger entre una gama de personas. 

Nuevamente, no creo que trabajar con personas que sean -de una u otra forma- «destinas» a un modelo de moda estricto sea el vidrio roto dentro de la industria, pero si una interesante trizadura en lo desabrido y poco condimentado de la cultura blanca, como diría bell hooks. Para mí, la invitación es a hacer lecturas criticas de toda propuesta que se avecine, pero no por ello, restar la potencia de su efecto sobre lo estandarizado (y de un tiempo a esta parte, tramposamente «diverso») de los cuerpos de/en la moda.

Fotografías de Dorian Ulises Lopez para Barragán. Checa la colección completa aquí.

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Angela Juana Rivera (Chillán, Chile, 1991) escribe sobre juventudes, cuerpos y géneros en el mundo hiperdigital. Como una extranjera del mundo/sistema/industria de la moda, en México (2016) se genera su acercamiento producto del trabajo desarrollado para su tesis de maestría sobre prácticas corporales y producción de cuerpos juveniles en algunos segmentos de la industria de la moda mexicana. También tocaba en bandas de la escena hardcorepunk de Ciudad de México. El ruido y la deriva son su columna vertebral.