Si no has vivido debajo de una roca por los últimos meses probablemente sepas del llamado “efecto Weinstein”. Luego de que The New York Times publicará una investigación detallando las décadas de acoso y abuso sexual perpetradas por el productor de Hollywood, Harvey Weinstein, hombres y mujeres de todo el mundo y de todos los sectores encontraron el valor y la atención suficientes para presentar sus propias historias de acoso y abuso sexual.

Por supuesto, el efecto Weinstein llegó a la industria de la moda especialmente a la industria del modelaje. Una gran cantidad de modelos comenzaron a denunciar sus propias historias de intimidación, acoso y abuso en sesiones de fotos, castings y agencias, a manos de fotógrafos, diseñadores, agentes, estilistas y maquillistas, a través de distintos medios: desde el hashtag «Me Too» y artículos en The New York Times (como la historia en la que poco menos de 30 modelos acusaron a los prolíficos fotógrafos de moda Mario Testino y Bruce Weber de acoso sexual), hasta los mensajes directos de la modelo Cameron Russell o la cuenta shitmodelmgmt que comenzó publicando memes y terminó exponiendo a distintas agencias de modelaje que protegían acosadores y abusadores, no pagaban a tiempo a sus modelos o seguían contratando chicas a pesar de, secretamente, haberse declarado en bancarrota.

Al menos en el plano internacional, comenzaron a tomarse cartas en el asunto vetando fotógrafos acusados de acoso y abuso sexual (en el caso de Conde Nast, que publica Vogue, GQ, Glamour, Vanity Fair, entre otras) o creando códigos de conducta y líneas de apoyo y denuncia anónimas para proteger a las modelos.  

En México, desafortunadamente, las cosas son muy diferentes.  Como Ilan Stavans puntualiza en un artículo publicado en The New York Times en español, el efecto Weinstein y el impacto del #MeToo ha sido menor en Latinoamerica y a pesar de la existencia de “diversas figuras promotoras de la emancipación de las mujeres”, la exposición de poderosos (“ninguna revolución cumple su cometido si no desviste a los poderosos, esa ha sido una de las muchas victorias del movimiento #MeToo), en cualquier industria, aún no ha sucedido, y mucho menos en la industria de la moda.

Como siempre, la industria de la moda mexicana parece moverse en su propia y abstracta burbuja color rosa como si se estuviera exenta de diversos comportamientos, como si no se desarrollará en un país donde ocurren siete feminicidios cada 24 horas

Contrario a otras ediciones internacionales, la administración de MBFWMx no ha anunciado ninguna medida para proteger a las modelos que participarán en sus próximas ediciones: nada se ha dicho sobre dejar de trabajar con modelos menores de edad, no proporcionar alcohol en sus instalaciones (quizá porque la cervecería Cuauhtémoc Moctezuma y tequila Centerario son de sus principales patrocinadores), activar una línea de denuncia anónima o proporcionar vestidores privados en el backstage de los desfiles.

¿Acaso el “activismo” de la industria de la moda mexicana solo se trata de playeras con la ambigua palabra “IGUALDAD”, de frases como girl power y the future is female en bonitas tipografías o de la cobertura del festival Grrl Noise? ¿eso es todo lo que pueden hacer por las chicas y chicos involucrados en la industria?

En Melodrama, hemos pasado los últimos meses preguntándonos cuál debería de ser el papel de la industria mexicana y de aquellos que la observamos desde fuera, y, sobre todo, cual debería de ser el papel de nuestra revista, no solo en los abusos cometidos hacia las y los modelos, sino también hacía todos aquellos que conforman la industria de la moda mexicana.

Como equipo, como mujeres que han sufrido, sufren y, desafortunadamente, seguirán sufriendo algún tipo de violencia de género, entendemos que la visibilización de las historias es esencial para evitar su normalización.

A partir de este momento, el correo de Melodrama y todas nuestras redes sociales quedan abiertas y disponibles para denunciar estos comportamientos: desde aquellos de tipo sexual hasta aquellos en donde no se respetaron derechos laborales o la integridad física y psicológica, tanto de la industria del modelaje como de otros sectores que conforman la industria de la moda mexicana. Por supuesto, se respetara la identidad del denunciante y se darán a conocer de manera anónima para evitar repercusiones en sus respectivas carreras.

En Melodrama hacemos lo que está a nuestro alcance para provocar un cambio en la industria desde hablar de racismo e inclusión, hasta poner atención a esta clase de problemáticas. 

Visibilizar es lo menos que podemos hacer. Y lo vamos a hacer.