El diseñador Erick Molina seleccionó para Revista Melodrama, las 7 colecciones que, considera, definieron los últimos diez años y, por lo tanto, podrían ofrecernos un atisbo del futuro. La selección esta basada en lo que reflejan de la industria de la moda y de quiénes la hacen. El orden es cronológico.

ALEXANDER MCQUEEN PRIMAVERA / VERANO 2010 (POR ALEXANDER MCQUEEN).

Digital es una palabra clave en esta colección, tanto en las prendas como en el desfile encontramos este concepto. En cuanto a las prendas, McQueen ejecutó una técnica que mezclaba impresión digital con una construcción milimétrica. Los estampados sobre los vestidos asemejaban híbridos de criaturas terrestres y marinas, creando looks propios de un escenario post-apocalíptico. Las modelos con un aspecto andrógino y alienígena caminaban en zapatos de hasta 25 cm de altura, envueltas en una estética inspirada en el artista H. R. Giger.

El futurismo que el diseñador británico plasmó en las prendas también se tradujo en el formato de presentación, empezando por el hecho de que dos cámaras móviles grababan lo que sucedía y proyectaban las imágenes en una gran pantalla que servía como fondo del set. Además, este desfile fue el primero en ser transmitido en vivo por internet, pero el resultado no fue el esperado pues Lady Gaga twitteó el link del streaming a sus millones de seguidores, lo que causó que el servidor colapsara. Alexander McQueen colaboró con Nick Knight en esta idea de transmitir el show con la intención de democratizar la moda y que la colección no solo fuera vista por unas decenas de periodistas y compradores. Este fue el inicio de una era en que la moda gira en torno al internet. Crear para internet.

Tan solo diez años después la mayoría de los desfiles son transmitidos en vivo y están en Instagram y en los principales medios especializados a minutos de haber terminado. En los vídeos de desfiles actuales podemos ver cómo los asistentes mantienen sus celulares arriba grabando el pase de modelos. La acción de atestiguar una colección ha sido eclipsada por la de mostrar en redes sociales que eres asistente de un desfile. Todo esto ha causado que diseñadores en todo el mundo, incluso en México, tengan que crear experiencias instagrammeables que capten la atmósfera del evento, aunque en historias y fotos no se vean claramente las prendas. Opino que, más que una democratización de la moda en realidad vivimos una democratización del acceso a las imágenes de la moda.

CHANEL (MÉTIERS D’ART PARIS-BOMBAY) PRE-OTOÑO 2012 (POR KARL LAGERFELD).

“Karl Lagerfeld nunca ha estado en India. ‘Es mucho más inspirador no ir que ir a los lugares’ dijo después del show…” Así comienza la reseña de Tim Blanks sobre esta colección. En 2011, Lagerfeld tomó como inspiración la vestimenta hindú para ser re-interpretada y confeccionada por los talleres que hacen posible la alta costura de Chanel.

En la moda existe la práctica de tomar elementos culturales ajenos para ser interpretados y elaborados con técnicas locales o propias de una marca. El parisino Paul Poiret ya lo hacía alrededor de 1910 cuando miró a la vestimenta de  culturas de Medio Oriente y a partir de ello creó prendas como sus famosos pantalones harem. Generalmente quien se apropia pertenece a un grupo mucho más privilegiado que aquella cultura apropiada.

Más de un siglo después vemos cómo sigue sucediendo y hasta recientemente se ha puesto en duda la ética de la práctica.

La moda se nutre de elementos externos a su círculo sin comprometerse a conocer la realidad de ellos, su historia o lo que implican socialmente. Son elementos que muchas veces han servido sistemáticamente para identificar cuerpos y segregarlos o negarles derechos. ¿Qué beneficio obtienen las culturas apropiadas de que algún diseñador privilegiado exponga sus elementos estéticos sin ahondar en sus significados? Siendo honestos: poco o nada. Un reconocimiento de propiedad intelectual, paga justa y representación en un desfile o campaña es lo mínimo para lograr lo que, creo, es un acercamiento correcto. ¿Por qué no respetar las técnicas autóctonas y permitir que esas mismas manos hagan las prendas? ¿Y por qué no usar esa colección como medio para visibilizar algún problema que atraviese esa población?

Algo similar ocurre con las marcas mexicanas que intentan vender el barrio como algo cool pero no comentan o denuncian hechos como que Ecatepec es de los municipios más inseguros para las mujeres o las horas que los habitantes de las periferias gastan en trasladarse a la ciudad para estudiar, trabajar o divertirse.  Siempre es más cómodo tomar la parcialidad de las cosas, quedarse con lo bonito y no ahondar. Banalizar las realidades de poblaciones oprimidas con la excusa de crear sólo demuestra la ética de una industria hecha por personas privilegiadas que creen tener derecho sobre cualquier cosa existente y que además buscan lucrar con ello.

J.W ANDERSON (MENSWEAR) OTOÑO/INVIERNO 2013 (POR JONATHAN ANDERSON).

Desde sus inicios, Jonathan Anderson ha tenido la intención de deconstruir los códigos de la vestimenta masculina y femenina para encontrar en la mezcla de estos un lenguaje propio. En esta colección los elementos son evidentes: shorts a la cintura con olanes, tops strapless y vestidos cortos; el ejercicio que realiza se siente experimental aún en los 2010’s, lo que nos demuestra que las barreras de lo binario siguen bien cimentadas. El crear ropa que fluya entre los géneros no es algo nuevo pero dado el clima social y político que estamos viviendo hay un evidente reflejo de esto en la moda. Menciono esta colección de Anderson por ser de los pioneros de la década en cuestionar las reglas de género. Además en colecciones más recientes se ve una madurez del concepto, es decir, él no lo toma como una simple tendencia.

Durante la década hubo una clara labor en derribar límites. En las colecciones de hombre los códigos femeninos fueron escabulléndose desde formas sutiles hasta algo muy literal como en Palomo Spain. En el Gucci de Alessandro Michele hay ejercicios de descontextualización de detalles como ponerle una blusa con listón al cuello a un chico; Charles Jeffrey y Thom Browne nos incitan a lo mismo. Es meritorio el trabajo de todos e innegable que ver a personajes como Ezra Miller o Sam Smith en tacones nos está llevando pasos adelante. Lo que espero en la década que empieza es que las propuestas no sólo sean pensadas y mostradas en cuerpos blancos y delgados.

BALENCIAGA OTOÑO/INVIERNO 2016 (POR DEMNA GVASALIA).

Durante la década muchos puestos de dirección creativa fueron desocupados e inmediatamente reemplazados. Pocos generaron tanta expectativa como la llegada de Demna Gvasalia a la histórica casa de Balenciaga y no era para menos: a mitad de la década, el diseñador causó una euforia en la escena con el colectivo que lideraba, Vetements.

Para la temporada de otoño/invierno de 2016, Gvasalia hizo re-interpretaciones de lo que significaba Balenciaga: sastrería, construcción y volúmenes en prendas de uso contemporáneo como puffer jackets y chamarras deportivas. Vimos una versión más elegante de Vetements, referencias a los archivos de Martin Margiela y un styling logrado en conjunto con la estilista Lotta Volkova que ha sido imitado hasta el cansancio.

Con una estética post-soviética, la colección debut de Demna para Balenciaga nos habla de un nuevo intento de democratización de la moda. El boom de Vetements y Balenciaga fue catapultado por piezas como sudaderas, gorras, impermeables y tenis, todas con un logo muy visible.

Encontramos un antecedente de este fenómeno en el Givenchy de Riccardo Tisci con prendas como la sudadera del rottweiler estampado. Las sudaderas de Givenchy, Kenzo, Vetements e incluso la de ‘Mexico is the shit’, se convirtieron en un fenómeno de la década. Como propuesta no dicen mucho pero es interesante observar el alcance que tuvieron para uniformar a una generación que paga miles por prendas con un estampado o logo con la intención de acceder al mundo del lujo. Este tipo de prendas también representan a una generación que cree que hacer diseño es estampar y brandear sudaderas, playeras y básicos del streetwear. ¿Veremos más fenómenos basados en prendas deportivas como Gosha Rubchinskiy, Fila o la parte más accesible de Balenciaga? Virgil Abloh, ícono del movimiento, cree que el streetwear morirá. Tal vez paulatinamente pero lo que nunca cesará es el deseo humano a pertenecer, aspecto que la moda y todo el capitalismo seguirán aprovechando.

GYPSY SPORT OTOÑO/INVIERNO 2017 (POR RÍO URIBE).

Desde 2012, las colecciones de Rio Uribe han buscado visibilizar a cuerpos marginalizados por el sistema y suele convocar a sus castings por instagram. Esta tendencia de buscar modelos reales y cotidianos no es algo nuevo, Martin Margiela y Jean Paul Gaultier lo hicieron hace décadas, en los 80’s, pero es gratificante ver cómo ha vuelto este interés por buscar belleza en personas «comunes». En todo el mundo encontramos ejemplos: en Rusia la agencia @lumpenmen, en México está @castingenelparque y en Nueva York, Rio Uribe realiza esta práctica temporada tras temporada.

Lo interesante de esta colección tiene que ver con el mensaje y la intención de crear un puente entre el activismo y la moda. Para empezar la inspiración surgió de que Uribe, entre viajes, observó la deshumanización que viven las personas que viven en la calle. Resulta delicado y parece ofensivo el punto de tomar esta realidad y hacer moda a partir de ello pero considero que lo hizo bien porque no sólo se quedó en inspiración sino en acciones reales. Primero, Uribe fue a buscar a sus modelos a la Women’s March y a la Muslim Ban March, marchas donde encontró personas con un espíritu de activismo apreciando entonces no solo su aspecto sino algo más humano de ellos: las ganas de cambiar algo en este sistema. La deshumanización de modelos es algo muy recurrente en la industria pues estos cuerpos sólo son valorados por su físico, dejando de lado el hecho de que tienen ideas y sentimientos y lo que estos valen. Después durante el proceso Uribe se acercó a organizaciones y conoció a personas sin hogar ayudadas por estas, ahí donó bienes en especie; es decir, tuvo un acercamiento a esa realidad. Al final parte de las ganancias fueron destinadas a Bowery Mission, un organismo que dona asilo, comida y ropa a personas en pobreza de Nueva York. Evidentemente es una acción pequeña de la inmensidad que se necesita para volver digna la vida de personas en pobreza de una ciudad, sin embargo el poner este mensaje y accionar en un espacio como la moda que es dominado por élites resulta aplaudible y deseable de imitar. 

Creo necesario que se empiecen a crear puentes entre la moda y el activismo teniendo en cuenta que es una industria multimillonaria y cuyas imágenes llegan a segmentos poblacionales muy grandes.

CÉLINE PRIMAVERA / VERANO 2018 (POR PHOEBE PHILO).

La moda le debe mucho a Phoebe Philo. Durante su estancia en Céline como directora creativa logró convertir su estética y filosofía en un referente. Minimalismo, practicidad, lujo y discreción eran ejes en sus colecciones que muchos consideran como el guardarropa de la mujer contemporánea. En un lejano 1985, Donna Karan proponía sus «Seven Easy Pieces», siete prendas que en el guardarropa de una mujer podían brindarle la suficiente versatilidad de estilos para no necesitar más. Philo tiene una idea similar al proponer camisas, trajes sastre, bolsos grandes y trench coats cuyo diseño busca sobrepasar el tiempo y las tendencias. Las colecciones eran reflejo del estilo personal de la diseñadora que siempre abogó por la calidad antes que la cantidad. La crítica la cataloga como la mujer que diseñó las prendas que las mujeres querían.

La influencia de Phoebe Philo durante esta década es grande y la encontramos en muchas marcas, desde aquellas de gama alta como Victoria Beckham hasta Zara, que llevó la estética Céline a millones de personas con prendas y campañas muy parecidas a las que la firma francesa lograba con el fotógrafo Juergen Teller.

Con la colección correspondiente a primavera/verano 2018, la diseñadora logró transmitir un fuerte sentimiento de optimismo y actitud para afrontar la realidad, cosa que el mundo claramente necesita. La moda y la sociedad en general atraviesan momentos de crisis, el mensaje de Philo al frente de Céline fue claro: el diseño y la moda son espacios para tomar decisiones inteligentes al momento de consumir.

Resulta absurdo pretender que la mayoría de la población accedamos a marcas de lujo como esta o The Row, marca que también abandera la calidad exacerbada donde encontramos abrigos de hasta cerca de 240,000 pesos, pero dentro de nuestras posibilidades, también está el poder elegir prendas, productos e incluso imágenes de calidad. Expertos auguran que el vintage será protagonista en los años venideros subrayando que muchas de las piezas usadas tienen mejor construcción que las actuales. A esta categoría muchos sí podemos acceder.

MARINE SERRE PRIMAVERA / VERANO 2020 (POR MARINE SERRE).

Marine Serre es una diseñadora francesa de 25 años cuyas colecciones, según la crítica, reflejan de manera concisa lo que siente su generación: incertidumbre y una necesidad urgente de pragmatismo.

En su colección más reciente titulada Marée Noire («derrame petrolero» en francés), la diseñadora llevó más lejos su intención de ser una marca sustentable pues el 50% de los materiales son reciclados y los restantes son hechos localmente en Francia. Textiles obtenidos por ejemplo de toallas y sábanas usadas son re-trabajados con patronaje, confección y acabados de altísima calidad. En entrevistas la diseñadora cuenta que si los materiales por reciclar se agotan en su taller, la producción se termina, esto nos habla de un modelo diferente al convencional donde vemos una seria preocupación ambientalista. Durante el desfile, presentado en las afueras parisinas, un par de looks incluían máscaras creadas por la firma sueca Airinum que protegen de la polución del aire. Días después la firma realizó una protesta visual colocando estas máscaras en estatuas importantes de París. Colecciones como esta nos están hablando de una nueva fase de la moda en que la protesta ambientalista se hace presente y genera la pregunta: ¿la moda debe ser un espacio de protesta conociendo la poca ética con que se produce? Creo que sí, buscando la mayor coherencia posible entre la  producción de las colecciones y el mensaje de protesta. Tenemos como ejemplo a Stella McCartney que en su última colección incluyó un abrigo de pelo falso llamado Koba, material compuesto por derivados de maíz y poliéster reciclado, ofreciendo así una nueva opción para no usar el pelo falso que predomina en el mercado pues la producción de este último resulta muy contaminante.

La industria ahora debe ocuparse por los procesos, es urgente cuestionar y transformar el camino para llegar a las imágenes y productos.