Cada mes, en Melodrama tendremos temáticas específicas para fomentar las colaboraciones entre nuestros lectores. Nuestra temática de febrero y, con motivo de las semanas de la moda, es diseñadores(as), además de publicar pequeñas capsulas en nuestras redes sociales, nuestros colaboradores escribieron perfiles de sus diseñadores preferidos; si quieres hablar al respecto da clic aquí para saber cómo. 

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Cuando era chica me enseñaron que uno mas uno equivalía a dos y que, por consecuencia, dos era más que uno. Entonces, prefería tener dos dulces a uno, ir a dos fiestas que a una sola y por la vida iba así. Después, escuché por ahí una frase que decía Less is more: hmm. A partir de ese momento todo se volvió complicado.

Esa frase venía de la escuela Bauhaus pero eso yo aún no lo sabía. Lo que si sabía era que siempre que alguien me decía aquellas palabras, lo hacía de un modo peyorativo. Lo decían como un regaño pero yo no podía entender qué era exactamente lo que estaba haciendo mal: vestirse de cierto modo era una máxima universal de la cual yo no tenía noticia.

Lo que pasa es que a mi me gustaba ponerme toda la ropa y además, me gustaba ponérmela junta. En especial, la ropa vieja y rara que que me regalaban mis tías y mi abuela. Podría decirse que ¾sin saberlo¾ desarrollé un gusto muy especial por lo que se conoce como Kitsh, pero de eso tampoco me había dado cuenta. Amaba juntar puntos con rayas, colores de todo tipo, texturas suaves y rígidas y todo eso a la vez: vestirme era un juego pero un juego muy serio en el cual solo podía perder si me aburría.

Con el nuevo milenio, llegó también la nueva moda, moda que de hecho se ha retomado recientemente. La tinta de esas tendencias se corrió hasta el diseño y la arquitectura, o tal vez fue al revés, no lo sé. Lo que si sé es que todas las casas comenzaron a verse iguales, tanto por dentro como por fuera.

Todas tenían muros altos de concreto con ventanas pequeñas que en realidad no servían mucho como ventanas, colores neutros como el blanco y el negro con tal vez una pared roja para dar el llamado toque de color. Por dentro, esa sensación de limpieza y pulcritud; al centro de la amplia sala, una alfombra con textura que resaltaba entre los sillones sosos sin estampado; en el estudio, libreros blancos con menos libros y más discos: ni un solo objeto sobraba. Se apreciaba, sin duda, la influencia japonesa. Incluso las vajillas comenzaron a ser distintas, ya no eran las de la casa de la abuela con flores y detalles: ahora todo era blanco, blanco, blanco y hasta las carpetitas bordadas que se usaban sobre las mesas fueron a dar al clóset más cercano.

No es que este estilo particular tuviera o tenga algo malo, después de todo, malo y bueno nunca han sido categorías correctas para hacer un juicio estético. No obstante, hay una categoría que sí puede utilizarse para este tipo de reflexiones: el gusto. Todos sabemos que el problema con el gusto es que se trata de algo subjetivo. Pero el asunto aquí es que parecería como si este gusto fuera el único válido: entonces ¿queda aquí algún sitio para la subjetividad?

Es un poco como la paradoja del uniforme, en la cual, con la intención de hacer que todos sean iguales, entonces también se anulan las diferencias. Lo que preocupa de este asunto es que muchas veces, esa tendencia a borrar la diferencia, esa misma tendencia a uniformar, proviene de regímenes totalitarios e intolerantes. El imperativo minimalista algo tiene de esto: todo es parecido porque nada se sale de la norma y si nada se sale de la norma, entonces tampoco hay posibilidad para la creatividad. ¿Qué es la creatividad si no es originalidad?, ¿Qué es la originalidad si no es salir de lo establecido? 

Hay un ensayo de Susan Sontag que expresa muy bien todo lo que he querido decir hasta ahora llamado Notas sobre lo Camp. En este escrito, Sontag intenta definir algo que no puede definirse pero más o menos dice lo siguiente: lo Camp es una sensibilidad que revela su propio artificio y que se basa en la ironía, la teatralización, la exageración y el juego. Lo Camp toma elementos de lo Kitsch pero se toma a sí mismo tan en serio que resulta hasta chistoso.

Según Sontag, algunos ejemplos de esta sensibilidad son: las lámparas Tiffany, el Lago de los Cisnes y las boas de plumas que usaban las mujeres en los años veinte. Todos estos ejemplos tienen algo en común y ese algo es que son un poco ridículos. Pero son ridículos porque son extravagantes, nos saltan a la vista y por eso a veces son considerados como demasiado. El chiste es que lo Camp es bastante transgresor porque rompe todas las reglas de ese tan obscuro concepto del buen gusto y nos hace tomarnos tan en serio que dejamos de tomarnos en serio a nosotros mismos lo cual ciertamente es algo muy importante si queremos dejar de ser tan estrictos y pasar un buen rato.

Parece como que algunos diseñadores de modas leyeron el ensayo de Susan Sontag o al menos le leyeron la mente. Entre ellos está el genial Nicola Brognano, un diseñador muy joven (nació en 1990 en Cantabria) que a su corta edad ya tiene una larga trayectoria la cual incluye haber trabajado para Giambattista Valli y Dolce and Gabanna. Además, en el 2016 ganó la competencia Who is On Next de Vogue Italia y AltaRoma. La filosofía de su marca es “femenina, romántica y ecléctica con una obsesión con la ropa de hombre reinterpretada a través de detalles y telas femeninas”. Así, las creaciones de Brognano muestran un contraste muy interesante entre lo extremadamente femenino y la ropa del día a día: como combinar una pijama de la abuela con un abrigo de faux fur y una mascada en la cabeza o algo así de raro. Pero lo más extraño es que la ropa de este diseñador simplemente funciona: la heterogeneidad de los elementos se mezcla de una manera armónica, resultando en una música compuesta por distintos géneros pero con la cual dan ganas de bailar.

La nueva colección de Brognano se presentará a finales de febrero de este año en la semana de la moda de Milán y probablemente algunas de sus piezas provocarán una que otra sonrisa. La seriedad de un evento tan importante se pondrá en tela de juicio cuando ¾con toda la seriedad posible¾ salga una modelo cuidadosamente peinada y maquillada, desfilando un atuendo conformado por una blusa blanca perfectamente ejecutada con las mangas bombachas y un hermoso delantal de cocina que la cubra. Minutos después, otra modelo caminará portando orgullosamente un hermoso mini vestido completamente fabricado de tul color azul pastel que prácticamente le cubra la mitad de la cara. El uniforme minimalista será totalmente derrotado al menos por unos instantes y con un Golpe de Estado en forma de delantal se derrocará a la tiranía del aburrimiento.

Aquellos que tengan la oportunidad de ver una muestra de Brognano en persona tal vez se preguntaran si realmente es verdad que less sea more. Tal vez, la mirada artística los inspire a romper algunas reglas que parecerían estar escritas con tinta indeleble. Mientras tanto, yo esperaré pacientemente a que llegue el día en el cual vestirse deje de ser considerado como un acto frívolo y comience a ser como uno creativo. Ese día no importará el buen gusto y el blanco y el negro y los otros tonos neutros despertarán de su siesta perezosa, se bañarán con agua fría y se irán de fiesta con todas las otras posibilidades. Aquí estaré esperando…

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Texto por Rebecca Leal Singer.