En los últimos años, personas dentro y fuera de la moda se preguntaban constantemente cuál era el sentido de la alta costura, un modelo que representa el epitome del elitismo en la industria: las piezas se venden a partir de un valor estimado de 9,000 euros y se calcula que solo existen 2,000 compradores de alta costura en el mundo, en su mayoría mujeres de Medio Oriente, Rusia y China. ¿Realmente la necesitamos? Siendo estrictamente pragmáticos, no, pero sigue existiendo y siendo altamente publicitada porque se nos presenta (a compradores y fanáticos por igual) como una especie de fantasía.

Por mucho tiempo la industria de la moda y especialmente la de alta costura se encerró en su burbuja snob que dejaba las declaraciones políticas al ready-to-wear, añoraba los diseños à la princesa de Disney y parecía atribuir los procesos de creación a la magia.

Las cosas han comenzado a cambiar.

Con temas como la política y la diversidad sobre la mesa, esta temporada, muchos diseñadores decidieron entrelazar el presente y el futuro de la industria, y materializarlo en diseños de alta costura.

Lo más atractivo de Schiaparelli, por ejemplo, no fueron, estrictamente, los diseños que mantuvieron muchos de sus elementos caracteristicos, legado de la fundadora Elsa Schiaparelli (como los adornos que remiten al arte, especialmente al surrealismo y el cubismo). Lo mejor del desfile radicó en quiénes presentaron dichos diseños.

Katie Grand, la directora de casting del desfile de Schiaparelli, reclutó a mujeres de todas las edades (destaco la inclusión de Liu Wen, Alek Wek y Marie Sophie Wilson Carr quienes tienen 30, 41 y 54 años respectivamente) y provenientes de un amplio rango de países desde Haití, Jamaica y México hasta Nigeria y Sudan del Sur, logrando, uno de los desfiles más diversos (41.8% de las modelos que desfilaron no eran caucásicas).

En este sentido de inclusión, fue bastante decepcionante ver como algunas firmas simplemente se rehúsan a hacerlo y, por consiguiente, a progresar, especialmente aquellas que podríamos considerar de legendarias y que, en algún momento de la historia, revolucionaron la moda.

Ahí está Chanel, cuya pasarela, repleta de jóvenes (Kaia Gerber, de tan solo 16 años, hizo su debut en la semana de alta costura de la mano de la firma) careció de diversidad. El cast, dirigido por Aurelie Duclos, consistió en 67 chicas de las cuales solo 4 eran modelos de color y 7 eran asiáticas (apenas un 16.3% del total).

En realidad, lo anterior no es de sorprender. Chanel parece estar obsesionada con mantener lo que ya conocemos, lo tradicional, el status quo. Hablamos de la firma que se rehúsa a dejar ir a un director creativo octogenario que lleva más de treinta años en el puesto y que parece prácticamente vitalicio. Por ello mismo quizá los diseños son prácticamente los mismos todo el tiempo, en alta costura y en ready-to-wear.

Y sí, la alta costura celebra las técnicas tradicionales (todas las flores que se vieron en los distintos diseños de Chanel son aplicadas a mano) pero ¿eso significa sacrificar la innovación? No debería.

El ejemplo más caro de lo anterior es Iris Van Herpen. Su colección para primavera-verano 2018, presentada en la sala de mineralogía y geología del Museo de Historia Natural de Paris bajo esculturas del artista danés Peter Gentenaar, volvió a consistir en vestidos esculturales y tridimensionales; y si bien sería fácil catalogarla de repetitiva y compararla con la estética de, digamos, Alexander McQueen, los procedimientos empleados para crear cada vestido son simplemente fascinantes.

Hablemos, por ejemplo, del primero hecho de pequeñas y ligeras “escamas” onduladas que temblaban con cada paso de la modelo. Las escamas provienen de un modelo paramétrico que tradujo patrones 2D en datos 3D para poder ser impresos en dicha dimensión luego de 260 horas directamente sobre el tul con 0.8 milímetros de grosor (hay un grandioso vídeo de todo el proceso en la cuenta de instagram de la firma). O hablemos de otra serie de vestidos y jumpsuits que consistieron, igualmente, en patrones paramétricos distorsionados computacionalmente, cortados con láser y unidos térmicamente a un vestido de tul invisible.

Pero, la pionera en combinar métodos artesanales y procedimientos de alta tecnología, no se quedó sola esta temporada. En lugar de molestarse por el incremento de cámaras y celulares en los desfiles durante los últimos años, John Galliano decidió aprovecharlos en sus diseños para Maison Margiela. Conforme las modelos caminaban por la pasarela, los asistentes eran alentados a tomar fotografías de ciertos diseños que incluían poliuretano y una tela casi transparente que parecía inútil hasta que, al reflejar la luz de los flashes, proyectaba patrones multicolores, otorgando un “diseño diferente” para cada persona y pantalla. Como Sarah Mower de Vogue, escribió, se trató de una experiencia de dos versiones y/o realidades: una vista por el ojo humano y una vista por medio de los dispositivos electrónicos.  

¿Cuál es, entonces, la clave para que una firma abrace con gusto la contemporaneidad, el futuro, la innovación y así pueda producir colecciones excepcionales? La respuesta, seguramente, no es fácil si lo fuera, muchas firmas ya lo estuvieran haciendo en lugar de reciclar looks y añorar la moda del siglo pasado (Elie Saab y, en cierta medida, Armani Privé).

Pero como siempre todo queda en manos de los directores creativos.

Pierpaolo Piccioli, de Valentino, tuvo una racha de colecciones más o menos irrelevantes (tanto couture como ready-to-wear) luego de que Maria Grazia Chiuri dejara la dirección creativa para dirigir Dior. Ahora, podemos entender que se trató de una temporada en la que Piccioli tuvo que volver a buscar lo que mejor le sentaba a él y así a la firma. Por fin lo encontró y esta colección fue la prueba.

La alta costura de Valentino dejo de ser sobre vestir princesas renacentistas o romanas, los diseños ya no parecen sacados de un drama histórico; ahora parecen mucho más apropiados para la mujer contemporánea, esa que desde el siglo XX se apropió de los pantalones y los porta con orgullo hasta el día de hoy (y es que sí, si esta semana de alta costura nos enseñó algo, es que los pantalones ya no serán un atrevimiento casi inconcebible en la alfombra roja).

No por ello, sin embargo, y creo que eso fue de lo mejor de la colección, Piccioli (y cada una de las mujeres que crearon los looks en los ateliers de Valentino en Roma) no reprodujo una colección ready-to-wear, el dramatismo propio de la alta costura seguía ahí, en los descomunales sombreros de plumas y en los enormes moños y volantes.

 

Lo mismo pasó en Dior o al menos, estoy segura que esta fue una de las mejores colecciones que Maria Grazia Chiuri produce para la firma. La italiana continuo su fascinación por las mujeres excepcionales con una colección inspirada en la artista surrealista Leonor Fini y Peggy Guggenheim, de ahí que muchas de las modelos portaran antifaces y la mayoría de los diseños se presentaran con estampados en blanco y negro o con un exceso de mariposas como adornos. 

Pero el mejor ejercicio de alta costura fue el de Givenchy. La firma en realidad nunca entró en crisis, aun cuando Riccardo Tisci dejó la dirección creativa, si no se produjo una colección de alta costura la temporada pasada fue porque Clare Weight Keller aún no asumía por completo su puesto como la sucesora de Tisci. Así, tuvo relativamente un poco más de tiempo para preparar su debut en la alta costura de la marca y en el gremio en general. Y no estuvo nada mal.

Al no ser una colección estrictamente comercial, la diseñadora tuvo mayor libertad para introducir los cuellos geométricos y un material tan poco couture como el látex o para que dos tercios de la colección fueran en color negro con ciertos toques de color (según explicó, la colección tenía la intensión de mostrarse como “un jardín floreado por la noche”).

 Y es que Weight Keller entendió que, en realidad, no debemos de tomarnos tan en serio la alta costura, ni como un acto político (aunque su colección tuvo cierto mensaje empoderador al tener la sastrería masculina como fuerte inspiración principal, aunque con un enfoque femenino) ni como una fantasía abstracta.

Y probablemente todos deberíamos pensar como ella.

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Texto por Nayma Flores.