Desde hace algunas temporadas la firma Dolce & Gabbana ha recurrido a una estrategia que, acertadamente, han titulado “#D&GMillenials” (hashtag incluido) y que consiste en que toda la publicidad de la firma (desde campañas y desfiles hasta posts de instagram) recae en la imagen de jóvenes famosos.

Además de recurrir a hijos de actores, cantantes, futbolistas y modelos (el nepotismo ha sido siempre común en esta industria y en cualquier otra), Dolce and Gabbana se ha diferenciado del resto de las firmas por ampliar el espectro de sus modelos (ya no son, cabe destacar, espectadores o embajadores que pueden ser fácilmente reemplazables, se les otorga un lugar especial en la jerarquía de la industria: el modelaje).

Así, han recurrido a chicos y chicas provenientes de distintos países (México, Colombia, Argentina, Japón, China), que se han sabido posicionar al mismo nivel que aquellos con influencias y estatus, a partir de  realizar vídeos en vine o youtube como Cameron Dallas y Juanpa Zurita, o, en el caso de Maluma (quién cerró el desfile de otoño-invierno 2018 cantando dos de sus éxitos y modeló para un show secreto), de cantar géneros tan juzgados y menospreciados por muchos, como el trap y el reggaetón.

¿No es este el mejor ejemplo de democratización en la moda del que hemos sido testigos? Yo creo que sí.

Si bien los fines publicitarios y el hambre de likes sigue ahí, Domenico Dolce y Stefano Gabbana han sabido mostrarnos el futuro (aun con sus condenas a las familias homoparentales, cosa de la que luego se retractaron). El futuro de la moda (y de muchas otras cosas más) son los jóvenes.

¿Y no es esto realmente grandioso? ¿No deberíamos de sentirnos orgullosos de que por primera vez en mucho tiempo los jóvenes sean tomados en serio y se les deje involucrarse en la industria de la moda? ¿No deberíamos, nosotros como contemporáneos menos exitosos, apoyarlos? ¿Por qué destacar que Maluma se equivocó a la hora de cantar en el desfile en lugar de informarle al mundo que es el primer colombiano en trabajar con la firma?

Se nos dice continuamente que somos el futuro, el futuro de todo, de las industrias, de este caótico mundo, ¿por qué no asumir (y celebrar) los puestos de importancia de una buena vez aunque parezca algo tan insignificante como ser modelo en un desfile?

Y no cualquier modelo, por supuesto, hablamos de influencers. La palabra lo dice todo. Si profundizamos, no se trata de una “ocupación” tan banal.

Personalmente, lo que más disfruto de los desfiles para hombres de Dolce & Gabbana, es el hecho de que los directores creativos (y el ejército de personas que trabajan para ellos tomando en cuenta que tienen que vestir a casi 100 personas para la pasarela) enfundan a todos estos chicos en outfits donde abundan, por igual, bordados, estampados de flores, telas con brocados, fur coats y extravagantes joyas. Ojo, no estoy diciendo que se trate de algo sumamente original en términos del diseño, como muchas personas se aclararon de puntualizarle a Domenico Dolce y Stefano Gabbana en instagram, Gucci ya lo hizo (no primero pero, al menos, lo popularizó); lo novedoso aquí radica en la presentación.

Ya no son modelos inalcanzables representantes de la belleza occidental, quienes portan ángeles y flores en sus prendas. Son chicos con un rango de influencia mucho mayor puesto que cuentan con miles de fans alrededor del mundo y no solo son tomados como referencia por un puñado de elitistas con alto poder adquisitivo. Estos chicos influyen por igual a personas de todo el mundo y de todas las edades.

¿Acaso Maluma no podría ayudar a la tan ansiada disolución de las normas de género en la moda? Sí, y quizá haga mucho más que cualquiera de nosotros cuando un fanático suyo de cualquier municipio del Estado de México se dé cuenta que las lentejuelas no son cosa exclusiva de mujeres, al ver al colombiano cantando “Felices los Cuatro” en un llamativo traje de lentejuelas doradas.

Quizá no signifique nada para ti, persona de cuarenta y tantos que se jacta de tener un gusto musical “refinado” (clasista y renuente a la diversidad, diría yo). Quizá tampoco signifique mucho para ti, amante de la moda que sigue añorando a las modelos que se hicieron iconos a finales de los ochentas (aunque hayas nacido en 1997). La cosa es que no todo se trata sobre ustedes.

Otredad, le dicen.

Arturo J. Flores, editor de Playboy México y colaborador de la revista Marvin, escribió en una grandiosa columna titulada Se pone furioso cuando escucha este perreo, que, aunque odies el reggaetón, eso no lo hará esfumarse. De la misma manera, puedes odiar el hecho de que los influencers estén cada vez más presentes en la industria de la moda, o, en este caso sobre las pasarelas, estas en todo tu derecho, pero eso no hará que Kendall Jenner deje de ser la modelo mejor pagada o que Dolce & Gabbana cambie una estrategia publicitaria que le ha servido tanto.

El futuro de la moda (y de muchas otras cosas más) son los jóvenes, repito, que no se nos olvide. No dejemos que la industria envejezca, mejor, que sea joven, diversa y que no niegue que le gusta el reggaetón y que se sabe la letra de «Felices los Cuatro»… así como Dolce & Gabbana.

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Texto por Nayma Flores.

Imagen de portada vía The Impression.