La segunda década del siglo XXI ha sido testigo de un incremento en el comercio de lujo en países árabes. Si no se dio antes, según un artículo publicado en Business of Fashion, fue debido a que ejecutivos de marcas y conocedores de la industria de la moda en Estados Unidos y Europa pasaron muchos años malinterpretando y subestimando al consumidor del Medio Oriente.

Sin embargo, en 2013 comenzó a registrarse el potencial en la zona para el comercio de lujo, especialmente relativo a la moda. Un estudio realizado ese año por la compañía británica Interactive Media in Retail Group (IMRG) calculaba un crecimiento de poco más de 13 billones de dólares en tan solo cinco años. Se espera que, para 2019, los compradores árabes gasten cerca de 484 millones de dólares en ropa y zapatos.

Poco a poco, la industria de la moda occidental involucró a la zona en sus eventos desde  la iniciativa impulsada por Franca Sozzani, Vogue Fashion Dubai Experience, permitió, entre otras cosas, la realización del desfile de Chanel donde se presentó la colección resort 2015 en Dubai o el evento para celebrar el lanzamiento internacional de “Decadence”, una fragancia de Marc Jacobs y así, la inclusión de la misma sociedad árabe.

De esta forma puede explicarse el lanzamiento por parte de Dolce & Gabbana de una línea de hijabs y abayas, la aparición de Vogue Arabia o el creciente número de modelos árabes y musulmanas que vemos en las pasarelas, campañas y revistas.

Si bien la modelo Iman puede ser considerada como un antecedente en la industria, la batuta de esta nueva ola la tiene Mariah Idrissi, británica de ascendencia pakistaní y marroquí, quien se convirtió en la primera modelo en aparecer en una campaña de H&M usando hijab; un año después, Halima Aden, de origen somalí y nacida en un campo de refugiados de la ONU, llamó la atención pública al ser la primera mujer en usar burkini y hijab en el concurso de Miss USA, y se consolidó como una importante figura en la industria del modelaje al firmar con la agencia IMG y aparecer en varios desfiles y revistas de alto perfil a partir de entonces. También están, por supuesto, las hermanas Hadid, Gigi y Bella, quienes además de un extenso currículum, ostentan el lugar 5 y 9 de las modelos mejor pagadas de 2017.

Pero si bien la fama de estas modelos responde al crecimiento del mercado en medio oriente y los países del golfo, no se nos debe olvidar que representan a una minoría en el modelaje occidental y en la misma sociedad, en tiempos turbulentos, especialmente en Estados Unidos con la administración Trump.

Poco después de que el veto migratorio de Trump a siete países de mayoría musulmana se anunciara e hiciera efectivo, Hadley Freeman de The Guardian, escribía

Es algo bueno que, para una nueva generación en Estados Unidos, crecer viendo apellidos como “Hadid” y que su primer pensamiento sea un emoji de corazón y no “ugh, terrorismo” […] Bien podría ser, que dos de las más poderosas armas contra la islamofobia en Estados Unidos y de la estupidez general del presidente Trump sea un par de jóvenes y ridículamente ricas supermodelos musulmanas”

Así, con miras en convertirse en embajadora de la ONU (Aden) o en marchas contra las políticas islamófobas y antipalestinas de Trump (las hermanas Hadid), estas modelos no solo enriquecen la diversidad en la industria sino, incluso, podrían cambiar las percepciones de varias generaciones.

Todo desde una pasarela.

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Texto por Nayma Flores.

Ilustración hecha especialmente para Melodrama por Eder Valadez. 

Corrección de estilo por Katya Sánchez.