Texto por Rebeca Leal Singer | Collages por América Uribe

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En la vida hay veces que encontramos respuestas sin antes haber preguntado. No sabemos que tenemos un problema, cuando de pronto, la solución llega adelantada.

Me ha pasado, por ejemplo, que estoy muy tranquila, escuchando a alguien hablar y esa persona utiliza una palabra que yo no conocía. En cuanto pregunto por su significado, siento un gran alivio, respiro hondo y entonces pienso: “¡Ahora sí puedo nombrar a eso que creía que no tenía un nombre!”. Es una sensación increíble, que me emociona tanto, tanto, tanto y por un momento siento como si todo en el mundo pudiera ser comunicable. Por eso, quiero compartir una de esas palabras, que un buen día llegó a mí de manera inesperada, y que ahora me acompaña para siempre.

La palabra a la que me refiero está en otro idioma y además no es solamente una palabra: es un concepto (es decir,  un término que nos sirve para comprender una experiencia). En alemán se dice Unheimlich (se pronuncia: un – jaim – lij ). Fue Sigmund Freud quien la inventó. A veces la traducen como “lo ominoso”, “lo terrorífico” o como “lo siniestro”. Pero la verdad es que ninguna de esas traducciones es muy precisa. Unheimlich más bien significa lo siguiente: “Lo familiar que deviene extraño” (según el filósofo alemán Friedrich Schelling).

Pero, ¿qué es eso de devenir? y ¿cómo es que lo familiar, lo que conocemos, puede convertirse en algo extraño? Poco a poco iremos viendo de que se trata todo esto pero intentaré usar siempre ejemplos para poder explicarlo. Después de todo, eso es lo que hacen los maestros de idiomas que son buenos: no responden a nuestras preguntas en el idioma que ya conocemos, sino que primero buscan sinónimos en la lengua que queremos aprender.

Pensemos entonces en la pasarela de Gucci que se llevó a cabo en la semana de la moda de Milán de este año. Definitivamente no fue un desfile de modas común y corriente porque para empezar, los modelos llevaban en sus manos unas reproducciones casi idénticas de sus propias cabezas. ¿Cuál habrá sido la intención de Gucci al exponer su nueva colección de un modo como este? De eso no estoy muy segura pero lo que sí sé es que todos los medios de comunicación se dispusieron a cubrir la noticia. Si lo que los creativos de Gucci querían era llamar la atención, lo lograron.

En la mayoría de los casos, la sensación que estas cabezas produjeron fue la de un extrañamiento, una sorpresa, un pensar “¡qué raro!”. Pero no solo era un “¡qué raro!” era un “¡¿qué?!” y ese “¡¿qué?!” es el unheimlich: sentir que algo es normal pero que también tiene algo de anormal. Es normal ver a una supermodelo desfilando en una pasarela pero es bastante anormal ver una cabeza separada de un cuerpo entre sus manos.

El segundo ejemplo que voy a dar es igual de raro, pero hasta ahora, es menos conocido. Hace algunas semanas, o tal vez un mes, la firma italiana Prada sacó unas estampitas digitales en Instagram para que los usuarios las descargaran y adornaran con ellas sus  fotos. Prada utilizó a una “modelo” para promocionar sus estampitas, sin embargo, esa “modelo” no existe fuera de la pantalla: se trata de una imagen generada por computadora a la que le pusieron el nombre de Miquela. La cosa aquí es que los creadores de Miquela se empeñaron tanto en que ella pareciera un ser humano que el resultado final es un poco tenebroso.

Miquela cuenta con todas las características físicas que una persona debería tener, pero al mismo tiempo, hay algo que falta, algo que no queda, algo que no va. Cuando vemos  sus fotos, inicialmente percibimos solamente a una modelo “normal”, pero poco a poco comenzamos a sentirnos extraños. “Hay algo raro aquí”, pensamos y debemos hacer chiquitos los ojos para notar cada detalle en su rostro y en su cuerpo. “Hay algo raro aquí”, pensamos y dejamos lejos el celular. ¿Es real o no es real lo que estoy viendo? ¿Por qué algo digital puede parecer tan humano? Esas preguntas pertenecen a la experiencia de lo unheimlich.

 

El tercer ejemplo no viene en tercios, sino en pares. Desde hace algunos meses, el mundo de la moda se encuentra completamente obsesionado con los gemelos. Entre estos célebres duetos se hallan las hermanas de origen palestino Sama y Haze Khadra: ellas hacen música, son socialités y además, son amigas de todas las celebridades jóvenes. Pero lo más interesante de Sama y Haze Khadra es otra cosa:  paradójicamente, aquello que hace a estas hermanas únicas, es el hecho de que son idénticas.

Incluso después de haber seguido atentamente su carrera desde hace algunos años, para mí es imposible distinguir a una de la otra y parecería como que ellas hacen un esfuerzo consciente para que esto sea así. Sama y Haze (Alias Simihaze) se visten igual o al menos muy parecido, tienen los mismos cortes de pelo y siempre, siempre posan juntas. De hecho, al haber unido sus nombres en la fórmula Simihaze, también han creado una entidad que las conforma como indivisibles: no son una ni otra, son las dos, y a la vez, son una: unheimlich.

Lo que hace que lo unheimlich sea una experiencia tan fuerte es que nos obliga a darnos cuenta de que las cosas “normales” solo son “normales” porque nosotros así lo hemos establecido.

Agradezco que la palabra unheimlich exista. Si no existiera, no podría expresar la sensación que ocupa a mi cuerpo y a mi mente cuando todo lo que creo que es verdad se desploma en un segundo. Al fin y al cabo, el hecho de que hoy sea lunes o martes o miércoles se debe solamente a una regla: una regla impuesta por nosotros.

Al menos ahora sé porque me siento tan rara cuando veo una cabeza separada de un cuerpo; cuando me confundo entre lo que es humano y lo que no; cuando no puedo distinguir a una persona dentro de un par. Ahora sé que todo aquello que es “normal”, es “normal” porque así lo he decidido.

Después de conocer esta palabra, podría quedarme despierta noches enteras pensando en lo que es real y lo que no. Pero tal vez, en este caso sea mejor dejarlo así. Prefiero dormir tranquila esta noche.

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Rebeca Leal Singer (Ciudad de México, 1994) es poeta, escritora y entusiasta de la moda. Estudió filosofía en la Universidad Iberoamericana y actualmente trabaja en la Editorial Almadía. Su objetivo en la vida es hacer que las cosas complicadas se vuelvan sencillas. Su columna «Platón en pants» aparecerá de manera mensual en Melodrama.