Texto por Rebeca Leal Singer | Collage por América Uribe

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Siempre pensé que para vestirse no había reglas. Corté, pegué y pinté toda la ropa que quise, junté azul marino con negro sin preocupación alguna y en la más experimental de mis épocas, usé atuendos que ahora mismo, aunque quisiera, no podría imitar. Pero estaba equivocada. Ahora veo: que yo no siguiera reglas no significaba que así vivieran todos los demás.

Por ejemplo, hay personas religiosas que eligen ponerse ciertas prendas en lugar de otras y que incluso optan por cubrir partes de sus cuerpos por razones espirituales. Algunos judíos, musulmanes, cristianos y practicantes de otras muchas religiones hacen referencia a un término que rige su código de vestimenta y que yo considero muy preciso: la modestia.

En cada una de estas tan antiguas religiones, el concepto de modestia ha tenido significados distintos. Pero más o menos en todas, la modestia tiene que ver con evitar atraer atención hacia ciertas partes del cuerpo y muchas veces, con cubrirlas. Aun no entiendo por qué si estamos hablando de religiones milenarias, me sorprendió descubrir que esta pequeña palabra tiene una gran carga filosófica, sobretodo en el pensamiento medieval. Debe hacerme falta tomar vitamina B o algo por el estilo, pero bueno ese no es el punto.

El punto es que Santo Tomás de Aquino, filósofo y teólogo medieval también conocido como Doctor Común (lo cual no comprendo pero me da mucha risa y me disculpo de antemano) trató el tema de la modestia en profundidad. Él consideraba que se trataba de un “hábito operativo bueno” y que era “necesario para que las potencias racionales, que no están unívocamente determinadas, se determinen a sus actos.” Dicho en otras palabras, la modestia era la neta del planeta.

La modestia era la neta del planeta por muchas razones y una de ellas tiene que ver con el concepto de “ornato exterior”. Para el Doctor Común, el ornato exterior, es decir, el arreglo personal, era considerado como una herramienta que servía para mostrar con más claridad la belleza de una persona. No obstante, hacer un mal uso del ornato exterior no solo implicaba romper las reglas, sino que también demostraba egoísmo y vanidad.

De acuerdo con Santo Tomás, la modestia era una virtud, una virtud que tenía como objeto dominarnos a nosotros mismos: saber cómo arreglarnos y embellecernos pero siempre cuidarnos de no caer en excesos tales como la vanidad.

Ahora bien, actualmente, vestirse con modestia puede significar muchas cosas y depende, no solo de cada religión, sino de cada persona también. Para aquellos ignorantes como yo, el concepto de ropa modesta probablemente remita a la sobriedad, a colores oscuros o a una prenda que parezca más o menos un híbrido entre un paracaídas y una pijama camisón del año 1825.

Sin embargo, recientemente he comprobado que el enunciado anterior es completamente falso. Tras cruzarme con la ropa de la diseñadora musulmana estadounidense Ayana Ife, descubrí algo muy importante: vestirse con modestia de ninguna manera equivale a dejar de ser fabuloso.

Conocer los diseños de Ayana Ife fue como jalar la punta de un hilo infinito. Cada prenda creada por ella me pareció aún más interesante que la otra: Ife combina siluetas novedosas pero siempre favorecedoras con detalles modernos y estampados atrevidos. La diseñadora incluso repensó por completo el concepto de hijab y creó propuestas nuevas para tapar las cabezas de las mujeres musulmanas de un manera hermosa, inteligente pero siempre, siempre modesta.

Hasta hace poco, las opciones que tenían aquellos que quisieran seguir un código de vestimenta modesto, se encontraban verdaderamente reducidas. No obstante, gracias a diseñadoras como Ayana Ife todo ha cambiado. No es gratuito que Heidi Klum, supermodelo y autoridad máxima de la filología (bueno la verdad solo es supermodelo) se expresara de la siguiente manera acerca de las creaciones de Ife: “Esto es poesía”. Ahí está. Si Heidi Klum, la Hölderlin de nuestras revistas lo dice, entonces algo debe tener de cierto.

Es que además, cabe mencionar que otros intentos de conciliar a la vestimenta modesta con la vanguardia no solo han fallado rotundamente, sino que además han sido francamente decepcionantes. Entre estos ejemplos tenemos la “línea modesta” que lanzó H&M hace un par de meses. Tras una ardua labor de investigación vía YouTube, logré enterarme de que, aunque toda la colección se vendió en cuestión de horas, la mayoría de las usuarias estaban un poco tristes cuando recibieron sus compras. No las culpo.

Los diseños eran poco originales, casi a nadie le quedaban bien e incluso parecía que en algunos casos, las prendas ni siquiera cumplían con los preceptos más comunes de lo modesto tales como la longitud y el uso de telas que no se transparenten.

Volviendo a Tomás de Aquino, cabe mencionar que existe todo un apartado en la Summa Theologiae, (uno de sus tratados más célebres) donde él argumenta que la modestia implica asumir nuestra propia verdad. Para Santo Tomás, existe una congruencia entre todas nuestras acciones, incluyendo como nos vestimos y la fidelidad que tenemos hacia nosotros mismos (y en este caso, por lo tanto, con Dios).

Así, una vez más confirmo que vestirse es crear y que crear puede ser, ser fiel a uno mismo. Una vez más confirmo que preocuparse por cómo vestirse no tiene que significar en absoluto frivolidad. Agradezco a Ayana Ife por hacérmelo entender: solo hay una regla para vestirse y esa regla es vestirse sabiendo que somos verdad.

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Rebeca Leal Singer (Ciudad de México, 1994) es poeta, escritora y entusiasta de la moda. Estudió filosofía en la Universidad Iberoamericana y actualmente trabaja en la Editorial Almadía. Su objetivo en la vida es hacer que las cosas complicadas se vuelvan sencillas. Su columna «Platón en pants» aparece de manera mensual en Melodrama. Lee entradas pasadas aquí