Al inicio de su canción Contigo, Bad Bunny canta “Bebé tú eres mi Gucci / yo soy tu Louis Vuitton”; el mes pasado, Ozuna lanzó una canción llamada Balenciaga; los perfiles en instagram de distintos exponentes del reggaetón y el trap en Latinoamérica nos muestran que sus closets no le piden nada al de cualquier influencer o cualquier Kardashian puesto que están plagados de lo más reciente de Gucci, trajes de Dolce & Gabbana, artículos de la colaboración entre Supreme y Louis Vuitton, entre muchas otras cosas.

 

La obsesión (por llamarlo de alguna manera) por las marcas de lujo de parte de estos cantantes responde directamente al tipo de música del que son exponentes: se sabe que el reggaetón y, en mayor medida, el trap “heredan hoy en día la cultura gangsta que antes radicaba en el rap”, en palabras de la filósofa y periodista Andrea Ocampo.

Este género responde no sólo a inquietudes de determinada población, sino que refleja de algún modo, sus aspiraciones vitales. No todos los adolescentes latinos tienen oportunidad de estudiar, de viajar, de comprar ropa, de alcanzar cierto “éxito material” o de ser educados y cuidados por sus familias

Al mismo tiempo, claro, las marcas enfundan a estos chicos en lo más llamativo de su última colección porque tienen el mismo estatus que cualquier otro influencer. Bad Bunny es considerado, por ejemplo, el máximo exponente del trap latinoamericano por la prensa norteamericana, y el éxito de Maluma es comparado con el de Justin Bieber o Katy Perry.

De hecho, puede que su rango de influencia sea mucho mayor al de cualquier otra figura blanca anglosajona y es por ello que el papel que tienen en la industria actualmente es tan poderoso.

Sí, un vistazo al instagram de cualquiera de estas figuras te hará darte cuenta del amplio número de contratos que tienen con distintas marcas pero si pones atención podrás darte cuenta de otro elemento que todos comparten: ninguno siente que su masculinidad se vea agravada por su interés en la moda, algo que pareciera inconcebible en una sociedad misógina y machista como la latinoamericana.

Pero, estos personajes no se acercan a la moda desde un punto de vista pragmático o superficial, no son tus típicos fashion bloggers masculinos en jeans de mezclilla, bomber jacket y loafers de Gucci: ellos experimentan, exageran, rompen las reglas y establecen tendencias. 

Con su amplio rango de influencia que incluye personas que no son tomadas en cuenta por los influencers «comunes y corrientes», las marcas y la industria de lujo en general (tan solo en la periferia de la Ciudad de México hay un sinnúmero de adolescentes que consideran a distintos cantantes de reggaetón y trap como sus modelos a seguir, y ni hablar de lo que sucede en Sudamérica), Bad Bunny, Cosculluela, Farruko, Daddy Yankee, Maluma, J. Balvin, De la Ghetto, Arcángel, entre otros, están normalizando el que un hombre latino (y heterosexual) use fur coats, joyería de Chanel, escandalosos trajes con brocados y ropa que en la pasarela se presentó en y para mujeres. 

Y contrario a lo que se podría pensar, esa normalización sería sumamente útil: al entender que la moda no es una cuestión femenina, que se puede usar un traje de lentejuelas independientemente de tu género, y que, de hecho, el género y muchas de las actitudes que tomamos en relación a esto son solo construcciones sociales. En palabras de la escritora feminista Chimamanda Ngozi: «imagínense lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género».

E imagínense lo felices que seriamos si entendiéramos que, muy probablemente, el futuro de la moda e incluso de la sociedad, esta en manos de un puñado de cantantes de reggaeton porque, como dice Arturo Flores, editor de Playboy México y colaborador de la revista Marvin, aunque odies el reggaetón, eso no lo hará esfumarse. Ni siquiera de la industria de la moda. 

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Texto por Nayma Flores.

Collage por América Uribe.