Cada mes, en Melodrama tendremos temáticas específicas para fomentar las colaboraciones entre nuestros lectores. En junio exploramos la relación entre la moda y la comunidad LGBTQI; si quieres hablar al respecto da clic aquí para saber cómo. 

*

Por mucho tiempo, mi relación con la ropa fue irrelevante. Mi estilo consistía en usar cualquier playera, jeans y tenis. Jamás le di importancia a mi forma de vestir; la ropa solo cumplía con su función básica de mantener mi cuerpo cubierto.

Pero, alrededor de los diecisiete años, es decir, cuando entré a la preparatoria, decidí que quería invertir un poco más en mi estilo, el típico “verme mejor para sentirme mejor”. En un principio mis atuendos iban más apegados a lo que socialmente conocemos como lo femenino: vestidos, zapatillas, mucho labial. Experimenté bastante con mi forma de vestir en ese año. De los vestidos y la idea de «niña buena» pasé a lo «indie» donde, todo el tiempo, usaba una chaqueta de piel, playeras con calaveras y collares muy ostentosos.

Para ser completamente honesto, me sentía perdido. Sentía que estaba usando un disfraz de tiempo completo y que no estaba siendo sincero con quien era. Así que regresé a las playeras sencillas y jeans, a mi zona de confort donde la ropa no tenía significado y no me representaba. Todo se trataba de tener puesto un uniforme que me permitiera llevar a cabo mis actividades del día a día. Y ya. 

No recuerdo el momento especifico en que decidí volver a experimentar con la ropa nuevamente. Creo que fue porque sentía que mi personalidad no podía expresarse de otra manera. Pero, ¿para qué necesitaba algo que expresara mi personalidad cuando, para que las personas me conozcan, puedo simplemente socializar? Mis amigos, mi familia e inclusive mis maestros, me conocían. El problema era que yo no me sentía cómodo o seguro de mi mismo, y la ropa indicada puede hacerte sentir eso mismo; puede darte confianza para salir con tus amigos, para ir al trabajo o para realizar cualquier otra actividad.

Normalmente la ropa en la sección «para mujeres» no cumplía con mis expectativas y tampoco me causaba satisfacción. En este punto la sección considerada «para hombres» siempre había sido algo tentador pero prohibido, podía ver prendas que me gustaban pero la idea de que yo las usara era de locos. ¿Cómo me iba a poner ropa para hombre? Fácil. La ropa no tiene género, la ropa no tiene poder sobre nosotros, nosotros le damos poder a la ropa. Un día, simplemente, dejé de ver las tiendas de forma binaria y me percate que tenía muchas más opciones.  

Entonces comencé a inclinarme fuertemente por lo masculino, y aunque, en un principio abrirme a la opción de tomar ropa para hombre causó un conflicto enorme en mi identidad y me hizo cuestionar qué era y qué quería para mi vida, me di cuenta que volvía a caer en un ciclo donde la ropa era binaria y ahora solo compraba lo que era socialmente aceptable para hombres. Ahora, me molestaba cuando veía algo en la sección de mujeres que me gustará porque ¿no ya había decidido mi estilo? ¿no había decidido que mi estilo era masculino? 

Antes de volver a caer en otro conflicto me di cuenta de algo: ¿por qué no comprar una prenda por el simple hecho de que me gustaba sin importar de qué sección de la tienda saliera? La ropa no se va a negar a estar en mí por mi sexo biológico o por mi orientación sexual o por mi manera de expresar mi género. Cada prenda iba a tomar la personalidad que yo decidiera darle.

Al final del día se trata de mis gustos y mi capacidad de decidir lo que voy a usar. Tener la libertad de usar la ropa que me gustaba en verdad me dio una confianza que creía inexistente. Me dio el poder de no tener timidez para hablar con personas nuevas, de no tener miedo de exponer en clase o de poder preguntarle a un vendedor el precio de algún artículo. Estás tres cosas que acabo de mencionar, por más ridículas que parezcan, era cosas que me  aterraban y causaban ansiedad e inclusive me hacían llorar.

Los atuendos que escojo día con día me dan esa comodidad a empujarme a situaciones que normalmente un par de años atrás, no me hubiera hecho porque no tenía el outfit adecuado, el que me hiciera sentir bien. Por supuesto que la ropa no hizo todo el trabajo; pero propició una especie de esfuerzo mental para aprender a nunca limitarme.

Aprendí que las personas te van a juzgar y van a comentar en tu aspecto no importa lo que hagas pero depende de ti si dejas que eso sea relevante en tu vida.

Conozco muchas personas que creen que la ropa no tiene relevancia en nuestras vidas, principalmente porque yo solía ser una de esas, pero la ropa habla mucho sobre nosotros. Así como un par de tacones te hacen hacer invencible, hay prendas que pueden hacerte sentir invisible.

Yo decidí que mi género no tiene ropa y a su vez que mi ropa no tiene género.

Durante mi vida he sido clasificado como chica heterosexual solo por maquillarme y usar vestidos, también como lesbiana por usar camisas de cuadros, como hombre transgénero porque a veces mi ropa hace que me perciban de esa manera porque “no están seguros”, en otras ocasiones creen que soy un chico gay porque hay días que decido usar pantalón formal color rosa y zapatos dorados.

No creo que haya una forma socialmente correcta de expresar quien eres a través de la ropa, solo existe tu forma de hacerlo porque es la que se siente bien. A nosotros los humanos nos gusta creer que todo es blanco o negro, que solo puedes hacer las cosas de una manera y la idea de experimentar y tomar elementos de distintas ramas para decir “así soy yo” resulta aterradora, para otros más, inclusive tonta. Porque hay quienes dicen ser más sencillos en su forma de vestir y no les gusta complicarse, lo cual es completamente valido, pero cada prenda que nos gusta y que compramos expresa algo sobre nosotros, a veces pasa que nos da miedo saber la razón detrás de eso. Pero en las palabras de Judith Butler: “hay que pensar en el género como un espacio de libertad”. El género no es algo lineal, es todo un espectro donde podemos movernos en cualquier dirección y probar cosas nuevas. La ropa, los zapatos, el maquillaje y los accesorios no van a decir nada de ti más que lo que tú deseas que digan de ti.

*

Texto por Dylan Alarcón.