No tenía la intención de que este ejercicio se convirtiera en una especie de serie pero las circunstancias se prestaron para ello; el primer post en el que comparo la antigua y la “nueva” Vogue México fue uno de los más populares de nuestro sitio y el equipo de Vogue México volvió a publicitar su nuevo número como uno de ensueño: dentro de la “nueva era” de la edición, el número prometía celebrar a “las mujeres, la belleza y la diversidad” con tres modelos dominicanas en portada, Lineisy Montero, Hiandra Martínez y Luisana González. Era imposible no pensar en compararla con la primera ocasión en que la revista recurrió a una modelo dominicana para su portada.

Así que nuevamente me di a la tarea no solo de analizar esta nueva edición sino también de compararla con el número de abril de hace dos años para ver qué tanto de “nuevo” tiene Vogue.

Comparé el contenido visual con el contenido escrito tomando en cuenta distintos factores, desde temáticas hasta diversidad e inclusión de talento mexicano. Estos fueron los resultados:

EQUIPO EDITORIAL.

Las 238 páginas del número de abril de 2016 fueron supervisadas por Kelly Talamas. La editora de moda era Valentina Collado y la editora de belleza era Claudia Valdez.

Las 199 páginas del número de abril de 2018 fueron supervisadas por la directora Karla Martínez de Salas. El equipo de moda y belleza sigue siendo básicamente el mismo por lo que, nuevamente, no se pueden esperar resultados distintos.

PORTADA & EDITORIAL PRINCIPAL.

Tanto las tres portadas de la edición de 2016 como la editorial principal corrieron a cargo del fotógrafo Jacques Dequeker y estuvieron protagonizadas por Ysaunny Brito, la primera modelo dominicana en aparecer en Vogue México y Latinoamérica. El eje de la editorial principal llamada “Caribbean Queen” porque Republica Dominicana está en el Caribe (¡en serio!), es resaltar “los vibrantes colores del Caribe. Azules intensos, contrastados con coral y tonos cítricos” a través de total-looks de Louis Vuitton, Chanel, Gucci, Dior y Moschino.  Así, en las 5 fotografías de la editorial (cuyo número me hace dudar si se trataba realmente de la editorial principal), Ysaunny Brito aparece siempre frente a un fondo verde limón.

Desde la portada, en la editorial principal y en la carta editorial de Talamas del número de 2016, se puede apreciar lo que será una constante a lo largo de todas sus páginas: las dominicanas (al igual que todo el Caribe) son vistas como un elemento exótico (que sirve de inspiración a las altas esferas de la moda y la cultura) y sinónimo de lo tropical, lo que a Vogue le resulta muy bien en una edición publicada en plena temporada de primavera/verano.

En ese sentido, la “nueva” Vogue sí puede jactarse de marcar una diferencia en la manera en que presentan a las modelos dominicanas, tres en esta ocasión: Lineisy Montero, Hiandra Martinez y Luisana Gonzalez. En lugar de tomarlas como punto de partida para hablar de lo exótico, son una pauta para hablar de la belleza, “ese concepto tan estudiado y debatido que hoy es el centro de reflexión de nuestras páginas”, de acuerdo a la carta editorial. La puesta en práctica del enfoque sigue siendo, sin embargo, problemática. Contrario a lo que escribe la directora Karla Martínez de Salas, los días de modelos “altas y de físico muy etéreo” no han terminado, al menos no en su revista: como veremos más adelante, las páginas de la revista siguen dominadas por mujeres altas, delgadas (desde las mismas modelos dominicanas) y caucásicas.

La editorial principal, sin embargo, sigue siendo tan desafortunada como la de 2016 aún con tres modelos en lugar de una. Paola Kudacki fotografía a Lineisy, Hiandra y Luisiana en diseños de Marc Jacobs, Alexander McQueen, entre otros, donde predomina el color rosa, frente a fondos blancos y rosa pastel; y si bien, se supone que la editorial celebre a “las dominicanas que dominan las pasarelas”, las fotografías dejan tanto que desear que me hace darle la razón al comentario anónimo perdido en la web que hace años leí y que decía que algunas modelos dominicanas estaban bien para cumplir la “cuota racial” en los cast pero que carecían de versatilidad para las pasarelas y el trabajo editorial.

CONTENIDO.

Además de un artículo que habla sobre las modelos dominicanas, la edición de 2016 también cuenta con uno que habla sobre la última colección que Raf Simons diseñó para Dior y uno sobre los cambios en distintas direcciones creativas que se gestaban en aquel año.

Por otro lado, el artículo principal de la edición de 2018 es el de la autoría de Julieta Otero, donde habla de cómo la era digital y las redes sociales nos han hecho obsesionarnos con un nuevo estándar de belleza poco saludable puesto que puede desembocar en un desorden mental cuando nos damos cuenta que la perfección que hay en algunos perfiles de instagram es inalcanzable.

Sin embargo, en lugar de darnos una solución, Julieta Otero “abre la discusión” y lanza distintas preguntas que nos invitan a una especie de burda reflexión: “¿por qué queremos ser como esas mujeres de ojos grandes y brillantes sin una sola línea de expresión? ¿Dónde hemos perdido la espontaneidad, lo auténtico y lo real?” continúa en un artículo que está acompañado de fotografías nada espontáneas del rostro de la bellísima y caucásica modelo Estella Boersman, quien, cabe destacar, tiene ojos grandes y brillantes y ni una sola línea de expresión.

Las secciones de belleza en ambas ediciones son más o menos inofensivas si se comparan con otras ediciones: en la edición de 2016 hablan de mascarillas médicas para rostro y cabello, algunos perfumes y ofrecen una “survival guide” para Coachella, mientras que la de 2018 solo habla de perfumes (al parecer no pueden hablar dos números seguidos de cirugía plástica porque suponen que estás en recuperación).

El “nuevo Vogue”, como la edición anterior, sigue sin poder deshacerse de las páginas dedicadas a un puñado de fotografías de eventos sociales de la alta burguesía y “exclusivos destinos” (¡El Caribe! ¿¡Quién lo iba a decir?!).

EDITORIALES.

La sobreexplotación del tema del Caribe se hace todavía más visible en las editoriales de la edición de 2016: con las playas como escenarios principales y un abuso impresionante de títulos y subtítulos con palabras como “tropical”, “mar”, “botánico”, “natural” y sus derivados, la edición presenta tres editoriales originales además de la principal.

“Arena y Sol”, del fotógrafo Angelo D’Agostino, consiste en la modelo (caucásica) Samantha Gradoville en “una danza de holanes y guiños tribales que liberan el hechizo en las costas de Punta Cana”, lo que sea que eso signifique; “Trópico floral”, del fotógrafo Jason Kim, es una serie de retratos de la modelo (caucásica) Anais Pouliot con looks con estampados de flores (groundbreaking), cortesía del styling de Sarah Gore Reeves; y “Siete mares”, del fotógrafo Enrique Vega y con el styling de Valentina Collado, presenta a la modelo (caucásica) Elisabeth Erm en “una ruta sexy con las propuestas top en trajes de baño” en, sorpresa, una playa.

Las editoriales de la edición de 2018 son menos pretenciosas (no hay ninguna playa a la vista, lo cual se agradece) pero son igual de irrelevantes: “Fiesta de destellos”, la mini editorial de Luca Campri con styling de Valentina Collado, pretende explorar exagerados accesorios aunque en realidad solo son cuatro fotografías con total-looks de Gucci; “A todo pigmento” de An Le consiste en varios close-ups al rostro de Hailey Baldwin, quien se destaca por no ser la mejor modelo, para resaltar sus accesorios Chanel y el maquillaje de Carola González; “Libre” está protagonizada por Emm Arruda y fotografiada por Nicolas Kantor, muestra a la modelo en distintas poses y looks frente a un fondo blanco; y “Per Sempre” de Luca y Alessandro Morelli presenta solamente diseños de Dolce & Gabbana donde se explota la formula favorita de la estilista Valentina Collado: una casa abandonada y un montón de luces y sombras.

PRESENCIA DE MEXICANOS Y LATINOS.

En la edición de 2018 hay un top 5 de marcas mexicanas con producción ética y responsable, un perfil de las diseñadoras tapatías detrás de la marca de bolsas Aurelia, uno de la arquitecta Frida Escobedo y uno del artista Antonio Muñiz (¿de qué se trata Vogue hoy en día?), y nuevamente Cristina Piccone es la única modelo en aparecer en las páginas de la revista como una de las tres chicas que protagonizan la editorial “Per Sempre”.

Todo esto representauna cantidad impresionante de mexicanos y latinos si se compara con la edición de 2015, que solo cuenta con una entrevista con la diseñadora puertorriqueña Stella Nolasco y un perfil del hotel Presidente Intercontinental de Santa Fe en la Ciudad de México.

DIVERSIDAD DE MODELOS.

La diversidad es mínima en ambas ediciones: además de Ysaunny Brito no hay ninguna otra modelo de color en la edición de 2016 y tampoco hay ninguna modelo asiática.

Además de las tres modelos dominicanas en la editorial principal y la portada, tampoco hay muchas modelos de color en la edición de 2018: hay un par de fotos de Jourdan Dunn extraídas de una editorial pasada de Vogue México y tres modelos en segundo plano en la editorial “Fiesta de destellos”. La única modelo asiática que aparece en la edición es Chen Xi como parte de un artículo sobre el nuevo perfume de Kenzo.

 

Así que ¿cuántas ediciones tendrán que pasar para que los cambios en la “nueva” era de Vogue sean verdaderos? ¿O será que nuevo no significa radical?

Puedes comprar la edición de abril 2018 de Vogue México en tu puesto de revistas más cercano.

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Texto por Nayma Flores.

Corrección de estilo por Katya Sánchez.