Cuando comencé a interesarme en el mundo de la moda, como para muchas personas, la edición americana de Vogue fue mi guía y cuando no podía conseguirla, la edición mexicana la sustituía en mi instrucción.

Al adentrarme más en la industria y comenzar a adoptar un punto de vista más crítico, me di cuenta que Vogue, como institución, y específicamente Vogue México, en realidad, tenían muchas fallas. Fascinada por los diseños, las fotografías, las modelos y el glamour, no me percaté que era una guía elitista y hasta un poco racista (en esos tiempos me interesaba más el lado artístico de la moda y creo que eso me hacía un poco ingenua).

Me parecía que la edición mexicana era muy obvia a la hora de responder y dirigirse a una clase burguesa elitista con la que no podía identificarme; y es que si bien todas las ediciones son así, el talento de diseñadores, fotógrafos y modelos suele preponderar y aminorar el golpe comercial. Con el tiempo, el alto contenido promocionado, la falta de diversidad en sus páginas y cierta hipocresía editorial terminó por cansarme y dejé de ponerle atención. Le perdí tanto la pista por un tiempo que no me enteré, sino hasta meses después, que la edición había cambiado de redactora jefe por tercera vez en su historia.

Casi dos años después de su nombramiento como directora general, el equipo de Karla Martínez de Salas, anunció con una campaña en redes a “un nuevo Vogue” para la edición de mazo de este año.

Caí en la táctica publicitaria.

Y es que semejante adjetivo me ofrecía un mundo nuevo lleno de posibilidades: ¿Acaso sería testigo de una nueva era en la edición mexicana de “la biblia de la moda”? ¿habría un mayor número de modelos de color en las páginas? ¿por fin harían gala de conocer a otra modelo con rasgos asiáticos que no fuera Issa Lish? ¿habría más talento mexicano? ¿las editoriales tendrían conceptos más amplios y profundos que total-looks extraídos de pasarelas frente a fondos blancos? ¿habría artículos interesantes y no solo listas de qué usar para evitar las arrugas prematuras?

Me di a la tarea no solo de analizar esta nueva edición sino también de compararla con un número de marzo de hace tres años (ya que fue la que tenía entre mis viejas revistas) para ver qué tanto de “nuevo” tiene Vogue en este número.

Así, comparé el contenido visual (portada y editoriales) con el contenido escrito (artículos) tomando en cuenta distintos factores, desde temáticas, hasta diversidad e inclusión de talento mexicano.

Estos fueron los resultados.

EQUIPO EDITORIAL.

Las 214 páginas del número de marzo de 2015 fueron supervisadas por Kelly Talamas. La editora de moda era Valentina Collado y había dos editoras de belleza, Lorena González y Claudia Valdez.

Las 230 páginas del número de marzo de 2018 fueron supervisadas por la directora Karla Martínez de Salas. El equipo de moda y belleza sigue siendo básicamente el mismo (aunque ahora Claudia Valdez es la única editora de belleza) por lo que no se pueden esperar resultados sumamente distintos.

PORTADA & EDITORIAL PRINCIPAL.

La portada y la editorial principal de 2015 estuvieron protagonizadas por la modelo lituana Edita Vilkeviciute, fotografiada por Gilles Bensimon y con styling de Sarah Gore-Reeves. La editorial principal, titulada “La ley del deseo”, tiene la típica estética que vimos por años no solo en Vogue México sino en muchas otras revistas de moda como Glamour o incluso Cosmopolitan: un destino tropical (porque #primavera) y dos modelos blancos bien bronceados. La editorial de esta edición remata con una frase que haría temblar al mismo Shakespeare: “Bajo un entorno idílico, los tonos metálicos se funden al calor del romanticismo y la provocación sobre las pieles espejadas de ambos amantes”.

La portada del número de este año, si bien no es demasiado buena, es diferente: está protagonizada por Camila Cabello, la primera celebridad en aparecer en la portada principal de Vogue México desde Eva Longoria en el número de febrero de 2015. Tanto en la carta editorial como en toda la revista, en realidad, se destacan las raíces latinas de la cantante (su padre es mexicano, su madre cubana y ella misma nació en Cuba), algo bastante importante cuando recuerdas que en los últimos tres años, entre marzo de 2015 y marzo de 2018 (es decir, 30 portadas), Vogue México solo ha tenido otras 5 latinas en la portada.

La fotografía, así como la editorial principal (que no tiene frases “profundas” y que está acompañada de una entrevista de donde se extrae, descontextualizada, la frase que se encuentra en la portada), corrieron a cargo de Alexi Lubomirski. Este fotógrafo británico, quien también ha trabajado con El Palacio de Hierro, ha estado a cargo de las ediciones especiales de Vogue México, como la portada del 15 aniversario, así que se entiende por qué volvió.

CONTENIDO.

Ambas ediciones están repletas de páginas con las tendencias de la primavera en su sección “Estilo Vogue”. Creo que la edición de 2015 lo hace de mejor manera puesto que, además, incluyen pequeños párrafos describiendo algunos de los momentos más importantes de los desfiles donde se presentaron las colecciones (en esa época fue el desfile de Chanel que acabó con una protesta feminista, la primera colección de John Galliano para Maison Margiela, la última colección de Frida Giannini para Gucci y la última presentación ready-to-wear de Jean Paul Gaultier), mientras que la edición de este año se concentra exclusivamente en las tendencias.

Hay pocos artículos en la edición de 2015 y todos se enfocan a la moda incluida una reseña de la colección debut de Nicolas Ghesquiere para Louis Vuitton y de la colección de la temporada de Dolce & Gabbana.

La edición de 2018 habla un poco de feminismo aunque resulta interesante ver como evitan utilizar la palabra. Sin avivar el debate y sin comprometerse a señalar culpables o mencionar lo que causa el alto número de feminicidos, un primer artículo describe el movimiento #MeToo, destacando en algún momento las dificultades del mismo con la posición de las francesas y el caso de Azis Ansari, mientras que en otro se dedican a describir la ola de movimientos del mismo tipo en América Latina.

La edición de este año incluye “La lista de los 100”, mencionada con mucho entusiasmo por la redactora jefe en su carta editorial resulta ser una decepción: son 100 personajes, marcas y lugares mencionados al azar; son pocos los que cuentan con una oración a manera de descripción, y no todos tienen el privilegio de aparecer con todo y foto; que El Palacio de Hierro, Sanborns y Liverpool aparezcan en la lista me parece publicidad demasiado forzada.

El “nuevo Vogue”, como la edición anterior, no se puede deshacer de las páginas dedicadas a un puñado de fotografías de eventos sociales de la alta burguesía y “exclusivos destinos”.

La esencia de la sección de belleza sigue siendo la misma.

La edición de 2015 dedica páginas enteras a decirnos lo horribles que son las manchas en la piel, y a decirnos que tratamiento de lujo las eliminará, así como una alternativa a la cirugía estética pero que sigue teniendo el mismo objetivo que esta: retrasar los signos de envejecimiento. 

La edición de este año, creo, es incluso un poco más agresiva. Hay páginas dedicadas al suero de Dior que “retrasa los signos de la edad” y a una crema con extracto de caviar dorado que “recobrar la falta de luminosidad causada por el envejecimiento” así como a un procedimiento médico-estético para evitar la flacidez de la cara y un ranking de cirugías estéticas para evitar la piel flácida en el abdomen, los glúteos, las caderas y la cintura.

EDITORIALES.

La edición de 2015 incluye mucho trabajo editorial extraído de la edición americana de Vogue, específicamente del número de febrero del mismo año: hay una editorial con Kendall Jenner incluida, fotografiada por Patrick Demarchelier (vetado actualmente de la industria de la moda) y una editorial con un destino tropical de fondo y parejas bronceadas (otra vez) protagonizado por Cameron Russell y fotografiada por Mario Testino (otro vetado).

Las editoriales propias de la edición son simples serie de fotos por Enrique Vega y Tony Kim, frente a fondos grises con total looks de distintas marcas (Salvatore Ferragamo y Dolce and Gabbana respectivamente) protagonizadas por modelos blancas (Diana Balaisyte y Kate Bogucharskaia).

La edición de 2018 solo tiene dos fotografías protagonizadas por Binx Walton que fueron publicadas en la edición del mismo mes de Vogue UK (de hecho traducen el mismo artículo al español, un perfil de Clare Waight Keller, la directora de Givenchy); el resto de las editoriales son propias.

Si bien “El gran show” a cargo de Jeff Henrikson y con la modelo Sarah Brannon, es la típica editorial donde la modelo, en poses dignas de America’s Next Top Model, aparece en distintos outfits frente a un fondo gris, hay una editorial con zoom a distintos accesorios (“Zoom Optico” por Maxime Poiblanc), una donde se juega un poco con luces y sombras (“Día | Noche” por Alexander Saladriagas) y otra con el movimiento (“Sci Fi” de Jason Kibbler). Cabe destacar que todas las editoriales están protagonizadas por modelos blancas.

PRESENCIA DE MEXICANOS Y LATINOS.

La presencia de mexicanos es mínima en ambas ediciones. En la edición de 2015 solo hubo un pequeño perfil de la marca de Montserrat Olivier y una entrevista al vocalista de la banda Reik, mientras que en la edición de 2018 hay una entrevista con Guillermo del Toro, un breve perfil del estudio de arquitectos Lanza Atelier y un par de fotografías de la modelo Cristina Piccone.

Lo mismo ocurre con el talento latino. En la edición de 2015 hay una entrevista a Ricky Martin, un pequeño perfil de la diseñadora Sandra Weil, mientras que en la edición de este año hay un pequeño perfil de Atenas Hernandez, una blogger hondureña.

DIVERSIDAD DE MODELOS.

La diversidad es mínima en ambas ediciones: las únicas modelos de color que aparecen son Jourdan Dunn y Naomi Campbell como parte de la publicidad de Burberry. La única asiática es la actriz Fan Bingbing como parte de un artículo de Chopard.

En la edición de este año el número aumento solo a cuatro modelos de color: una como parte de la publicidad de Prada, un recuadro de Nora Attal en el desfile de Versace, una pequeña fotografía de Tami Williams en el backstage de Chanel y dos fotografías a página completa de Binx Walton en diseños de Givenchy. La única asiática es Fei Fei Sun como parte de la publicidad de Swarovski.

También aparece un perfil de la modelo transgénero Hari Nef pero la lánguida entrevista es en realidad una forma de publicitar el nuevo perfume de Gucci.

Así que ¿realmente Vogue México esta entrando a una nueva era como lo ha dicho su directora? ¿Los cambios (como el ligero incremento de modelos de color) no responden más bien a cambios generales en todas las ediciones de Conde Nast? A las pruebas anteriores nos remitimos para contestar estas preguntas pero, al menos yo, me sigo quedando con una: ¿qué nos aporta entonces Vogue México? Quizá hagan falta más ediciones para responder.

Aun puedes comprar la edición de marzo 2018 de Vogue México en tu puesto de revista más cercano.

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Texto por Nayma Flores.

Corrección de estilo por Katya Sánchez.