¿En verdad es mi estilo o sólo querré ser blancx?

¿En verdad es mi estilo o sólo querré ser blancx?

¿En verdad es mi estilo o sólo querré ser blancx?

Texto por José Pablo Castañeda. Ilustración por Ale Vega @lamusalita

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Vestirse es una de las necesidades fundamentales de las personas, además de alimentarse y tener un espacio de vivienda. No obstante, el paso del tiempo le ha dado al uso de las prendas un significado diferente al de la practicidad, a través de la moda. 

La moda, dice Amaya Sánchez, es el arte de vestir, utilizando accesorios, cosméticos, peluquería y, claro está, prendas. Además de ser una especie de arte, la moda también ha representado una forma de expresión e identidad, tal como nos dice Simmel (1945). En especial, al tomar en cuenta que la moda sirve como símbolo de algo más (al mero estilo de Barthes), ya sea de cultura pop, contracultura, clase social, etcétera. La moda puede ser un vehículo muy sencillo para vincularse con un grupo sobre el otro y, sobre todo, para diferenciarse y encontrar un cierto tipo de identidad propia.

Además, como lo dice Goffman (1959), las personas se conectan con el vestir a través de las imágenes que anticipan una experiencia y que generan una identidad. Por lo tanto, las prendas son utilizadas como una forma de autoexpresión que configura estilos de vida y que, incluso, va ligado con la identidad creada a través del consumo capitalista

A Simmel, por otro lado, le interesa la relación entre la moda y las clases sociales, de la que destaca que las clases bajas normalmente intentan replicar los usos y costumbres de la clase alta, con el fin de sentirse cercanos a su estilo de vida o de pensar que su imitación asegura la felicidad. Pero, entonces, ¿quiénes son estas “personas de clase alta” a las que desesperadamente buscamos imitar, según Simmel? ¿Son esas personas de nuestras ciudades que extraen nuestros recursos y que ni siquiera podemos ver, ya que se encierran en sus fraccionamientos y clubs deportivos? 

CELEBRIDADES COMO AGENTES DE PUBLICIDAD

El ejemplo más claro de personalidades populares que pertenecen a la clase alta son las celebridades. Sobre todo, porque son uno de los actores que más impacto tienen dentro de los individuos por su apariencia en todos los espacios de consumo. Aparecen en películas de todos los tipos, redes sociales, vídeos, música y un inmenso etcétera de contenidos. 

Este impacto es aprovechado desde hace tiempo en campañas de publicidad. Tal como lo estudian López y Martínez, el uso de personalidades famosas para la venta de productos a través de la publicidad lleva desde principios del siglo XX. Ellos investigan, además, que la publicidad ha sido vinculada con la replicación por parte del consumidor del estilo de vida de las celebridades que lo promocionan. Por ejemplo, López y Martínez destacan a la marca de jabones Lux y su colaboración publicitaria con Marilyn Monroe, donde el impacto esperado era que lxs consumidorxs compraran este producto para cuidar de su piel tal como lo hacía Marilyn y, presumiblemente, poder tener su belleza. 

En la actualidad, las formas en las que las celebridades se intentan vincular con las personas comunes y corrientes de una forma más “orgánica” sobran. Un ejemplo claro es la reciente popularidad de los GRWM (Get Ready With Me/Alístate Conmigo) con influencers en Tik Tok o Youtube, el cual refleja la efectividad del patrón. Ahí, además de presentarte los pasos para llevar a cabo una buena rutina de skincare, te recomiendan productos para llevarlo a cabo (que, claro está, en muchas ocasiones les pagan para promocionarlos). La efectividad de los productos, sobra decirlo, no está a discusión. Sin embargo, algo que es claro es que su forma de vender y promocionar sigue siendo a través de la implantación de un estilo de vida de la clase social alta y del intento de réplica por parte de las personas comunes y corrientes (frecuentemente, de la clase social media o baja). 

Su impacto crece con el uso de las redes sociales, donde se puede ver el día a día de las celebridades, los lugares en los que comen, la ropa que utilizan, las actividades que hacen, entre otras, y al mismo tiempo se entrelaza con algún post de colaboración con alguna marca o con alguna “recomendación espontánea” de algún producto, prenda, etc etc. 

Este tema toma un poco más de relevancia cuando recordamos que más del 60% de todxs lxs actores principales en las películas del 2021 son blancxs y que el 69% de lxs músicxs más famosxs también lo son, tal como nos demuestra Navarro. Por lo tanto, es claro que las celebridades que impactan tanto en el estilo de vida que queremos tener son blancas. Ante esto, es necesario preguntarse: ¿A quién nos queremos parecer y por qué?, ¿qué grupos son los que logran conducir las narrativas, tener espacios de trabajo y representación?, ¿qué grupos son los que entran en los estándares de belleza de los medios dominantes? 

Este ha sido un tema que ha sido estudiado hasta el cansancio. Uno de los ejemplos de análisis más reciente nos lo ofrece Perea, quien comenta que la gente blanca es la única que parece tener reconocimiento en las redes sociales sobre su creatividad en la moda. Aunado a esto, y considerando lo que significa que personas pertenecientes a las minorías no puedan tener las mismas oportunidades que las personas blancas, me parece importante recalcar la forma en la que, basado en la representación en los medios de comunicación y las redes sociales, la mayoría de las personas que forjan nuestra identidad son blancas. 

Ante esto, las personas pueden encontrarse bajo un arma de doble filo, en donde pueden intentar no pertenecer a estos mismos patrones, pero al mismo tiempo sentirse alienada culturalmente por no pertenecer. Sobre todo, tomando en cuenta que, aún en la contracultura, (como las bandas de punk, rock, o las películas con producciones independientes, como A24) mantienen y refuerzan esta mayoría de personas blancas. 

EL IMPACTO EN LA IDENTIDAD

Para otros grupos, como los adolescentes, estos cuestionamientos dentro de la identidad propia pueden tener un peso mayor. 

Tal como lo comenta Cisternas, la formación de identidad a través de los ídolos del deporte o espectáculo es algo cada vez más común dentro de los adolescentes. Sobre todo, porque la adolescencia es una etapa en donde las personas comienzan a tomar conciencia sobre sí mismas y a formar una identidad. Sin embargo, la formación de esta identidad puede verse trabada por los problemas ya mencionados en este ensayo: no pertenecer al grupo hegemónico, no cumplir con las características físicas o no tener los recursos económicos para replicar el estilo de moda de las celebridades. 

Esto puede llevar a conductas de riesgo y rezagos en la salud mental de los adolescentes, sobre todo si se toma en cuenta el panorama social. Tal como nos comenta Amaya Sánchez, si bien es cierto que el consumidor es libre y tiene acceso a todo tipo de moda, está condicionado por la propia industria. Dice Amaya Sánchez que “la moda […] nos empuja a tener una serie de aspiraciones artificiales que nos esclavizan”. Los contenidos que vemos forman aspiraciones que no siempre podemos ver a simple vista. 

Además, esta condición de la industria se puede convertir en una cadena de réplica, que es tan clara en una sociedad tan enfocada en el consumo sin ninguna clase de conciencia. Si bien es cierto que la identidad tiene que ver con la cultura externa y con una decisión propia de singularidad, parece interesante preguntarse qué tanta conciencia hay en lo que consumimos, en el estilo que decidimos tener y en nuestrxs fashion icons. 

En particular, porque esta reflexión puede llevarnos a formar una identidad mucho más consciente sobre la singularidad de las personas y contra las hegemonías que nos pueden influenciar al adoptar algún estilo. Visualizarla en un punto tan cotidiano, como lo es la moda, es importante por el valor de esta como práctica de expresión y ocio ante la mundanidad de la vida capitalista.

En conclusión, es innegable el impacto de las celebridades blancas dentro de nuestro sentido de la moda y de nuestras identidades. Por lo tanto, aún considerando que la mayor cantidad de contenidos viene hecho por personas blancas, debe existir un ejercicio consciente para delimitar lo que pertenece a los valores individuales de las personas y lo que no, con el fin de evitar un intento de réplica a un estilo de vida que no tiene que ver con el propio y que solamente continúa ejerciendo discursos capitalistas y hegemónicos hasta en los propios individuos. 

Ante esto, es importante preguntarse cuestiones sobre la actualidad, por más ridículas que parezcan. Por ejemplo, ¿qué es lo aesthetic?, ¿y qué tanto de nuestras vidas está atravesado por el impacto de la cultura dominante y cuántxs de nosotrxs buscamos adoptar el estilo de alguien más? ¿Qué tanta singularidad hay en un mundo mediado por tendencias impuestas por la cultura dominante? ¿Qué tanta disidencia hay en la alternatividad mediada por tableros de Pinterest?

BIBLIOGRAFÍA

  1. Simmel, G. (1945). Filosofía de la coquetería: filosofía de la moda, lo masculino y lo femenino. Madrid: Revista de Occidente. 

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José Pablo Castañeda nació en Durango y estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Querétaro. Escribe sobre temas relacionados a identidad, capitalismo y violencia. En la actualidad, colabora como analista de investigación en diversos espacios. Apoya al Santos Laguna.

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