Si bien “La moda es política” ha sido el estandarte con el que hemos transitado por el mundo (de la moda) aquello a quienes nos gusta pensarla como algo más profundo que un simple conjunto de banalidades estéticas, es cierto que últimamente, en medio del clima sociopolítico actual ha tomado una dimensión mucho más amplia, a veces con el riesgo de caer en las mismas dinámicas vacías y enajenantes que, se supone, la expresión y el concepto detrás siempre buscaron evitar.
Sin embargo, la más pura materialización de “La moda es política” sigue estando en las calles, más allá de los performances en espacios pequeñísimos completamente alejados de aquellos a quienes pretenden homenajear, o de las playeras de noventa dólares.
La comunidad LGBTQI+ sigue siendo digna representante de cómo la moda, los cuerpos y la mera existencia, en su cotidianidad y empatía con otrxs, son políticos. En Melodrama no pudimos encontrar mejor demostración de lo anterior que la realización, el pasado fin de semana, de la Contramarcha de la Rabia LGBTQI+, llevada a cabo en Ciudad de México; un ejercicio en contra del pinkwashing, la discriminación sistemática y el genocidio en Gaza.
Fotografías por Lex Torres @la_bienvenida_












