Puntadas que brotan del asfalto: diseñadores y moda de barrio
Texto y fotografías por Alanis Tapia Cervantes ★
El siguiente texto fue el punto de partida para la realización del conversatorio del mismo nombre moderado por Alanis Tapia Cervantes, el pasado 1 de diciembre de 2025 en el Coloquio de Moda, Interdisciplina y Crítica organizado por Melodrama y llevado a cabo en las instalaciones de la Dirección de Estudios Históricos del INAH. Puedes ver el conversatorio con la participación de lxs diseñadorxs al frente de marcas como Katchi, Pancarta y Raraz, aquí.
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Puntadas que brotan del asfalto: diseñadores y moda de barrio es un proyecto de fotoperiodismo que documenta a través de la fotografía y la entrevista a diseñadores que crean y comercializan moda en el tianguis de la Lagunilla. Aunque mi formación no está relacionada a la moda, mi interés por ella ha estado presente desde hace tiempo, y este proyecto surge como una forma de explorarla desde el registro fotográfico.
La motivación principal fue entender por qué en espacios como la Lagunilla están apareciendo con tanta fuerza comunidades de jóvenes creativos que diseñan, producen y venden moda de manera independiente. Más que un hecho aislado, este fenómeno parece responder a cambios sociales, económicos y culturales que ya se venían manifestando en otros momentos: el tianguis disidente, el crecimiento de los bazares independientes, la ropa de segunda mano y el auge de las nenis.
Este proyecto parte de la idea de que investigar no siempre significa ser un erudito o teorizar temas complejos. Estudiar la moda también implica observarla, documentarla y describirla. No hay una sola forma válida de generar conocimiento y en este caso, la fotografía se convierte en la principal herramienta para acercarme al fenómeno.
La Lagunilla como espacio de creación y legitimidad
El primer encuentro con el tianguis de la Lagunilla hizo evidente para mí la magnitud de lo que estaba ocurriendo: no eran dos jóvenes vendiendo playeras, era una comunidad de creativos tomando un espacio tan significativo como lo es el tianguis, como medio de exposición y venta de su trabajo, fuera de los circuitos tradicionales de la moda, fuera de los espacios que asociamos en el imaginario colectivo con la moda, esto me impactó profundamente y también me llevó a una pregunta central en el proyecto: ¿Qué entendemos realmente por moda? ¿Esto que estaba ocurriendo en el tianguis de la Lagunilla no es también moda?

¿Quién decide qué es moda?
Durante el proyecto, me di cuenta de que una de las confusiones más comunes es pensar que moda e industria de la moda son lo mismo. La industria ha construido una imagen excluyente y elitista que ha hecho que muchas personas vean la moda como algo superficial, inaccesible o ajeno. Esta idea sigue muy presente en discursos que descalifican la estética popular o niegan la existencia de una moda local en México.
A partir de esta reflexión, el proyecto propone entender la moda como un producto cultural
y una forma de expresión personal y colectiva. La moda no se limita a marcas o pasarelas: está hecha de elementos tangibles como lo son las prendas y elementos intangibles como el estilo, la identidad, las decisiones cotidianas y los significados compartidos. Como cualquier producto cultural, habla de quiénes somos, cómo vivimos y qué es importante para nosotros o nuestra comunidad.
Moda de barrio
Un ejemplo claro es el streetwear, que surgió en barrios de Nueva York y Los Ángeles entre los años setenta y noventa, impulsado por jóvenes afrodescendientes y latinos. A partir de ropa cómoda, deportiva y muchas veces intervenida, se creó un estilo propio que con el tiempo fue adoptado por marcas globales y de lujo. Este proceso no es único: se ha repetido en distintos lugares del mundo en distintas épocas, cuando grupos que no se sienten representados por la moda dominante construyen su propio lenguaje visual.
En México, el streetwear se mezcla con elementos locales como colores intensos, referencias culturales, fútbol y cultura popular. En este proyecto, a esta expresión se le nombra moda de barrio. No como una etiqueta rígida, sino como una manera de reconocer una práctica que surge en las calles, en el espacio público, en los tianguis, en las escuelas, en el transporte colectivo, en las calles y actualmente también en las redes sociales. Es creada principalmente por personas que buscan expresarse, pertenecer y diferenciarse.


La moda de barrio se construye desde la mezcla: ropa de segunda mano, prendas intervenidas, DIY (do-it-yourself) y referencias diversas. No sigue reglas fijas ni responde a una sola estética. Cambia según el barrio, la ciudad y las personas que la habitan. En ella conviven distintas identidades juveniles —desde los tumbados hasta las moxitas, los alternativos o los emos— que encuentran en la moda una forma de decir quiénes son.
En conjunto, la moda de barrio puede entenderse como una práctica de creatividad, identidad y libertad. Es una forma de expresión que nace en lo cotidiano y sigue viva en las calles, que existe sin necesidad de pedir perdón ni permiso, tal como lo demuestran los talentosos diseñadores del tianguis de la Lagunilla. La moda de barrio también merece ser documentada y reconocida, ya que nos permite entender mejor cómo las juventudes construyen sentido, pertenencia e identidad a través de la estética.
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Alanis Tapia Cervantes es una creativa originaria de Texcoco, Estado de México. Egresada de la UNAM como licenciada en diseño y comunicación visual, con un diplomado en fotoperiodismo. Su trabajo se centra en la fotografía documental y análisis visual de fenómenos culturales contemporáneos, con especial interés en la moda como práctica social y forma de expresión cotidiana. A través de la imagen y la investigación visual, explora dinámicas de identidad, consumo y creatividad fuera de los círculos institucionales.
